“NO TODO TROPIEZO ES DERROTA”
SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Hay una idea que siempre nos ronda
y está haciendo mucho daño:
creer que equivocarse significa fracasar.
Como si una caída cancelara el valor de una persona.
Como si perder el equilibrio una vez
demostrara que nunca supiste caminar.
Y entonces aparecen los resultados de hoy:
gente que ya no aprende…
porque tiene miedo de verse imperfecta.
Pero la realidad humana nunca ha funcionado así.
No todo tropiezo significa que vas mal.
A veces, precisamente ahí,
algo se aclara.
Hay errores que no llegan para destruirte,
sino para mostrarte por dónde no es.
Y aunque duelan,
aunque avergüencen,
aunque te hagan sentir que retrocediste…
también pueden darte dirección.
Porque fallar no siempre es perder.
A veces es entender.
A veces es corregir.
A veces es detenerse antes de seguir insistiendo en un camino que no llevaba a ningún lado.
Desde la ontología esto importa mucho:
el ser humano no se define solo por lo que logra…
también por lo que es capaz de reconocer.
Porque hay personas que tropiezan…
y despiertan.
Y hay otras que jamás aceptan un error…
y pasan la vida entera repitiéndose.
Por eso el problema no es equivocarte.
El problema es no querer mirar lo que el error vino a mostrarte.
Porque algunos tropiezos no destruyen tu camino.
Lo corrigen.
Un error bien mirado
puede ahorrarte años de confusión.
Puede obligarte a hacer preguntas que nunca habías querido hacerte.
¿Por qué elegí eso?
¿Por qué insistía ahí?
¿Por qué necesitaba tanto la aprobación de alguien?
¿Por qué seguía justificando algo que dentro de mí ya sabía que estaba mal?
Y aunque duele aceptarlo…
a veces el golpe no vino a detenerte.
Vino a despertarte.
Por eso no hace falta castigarse.
A veces hace falta respirar,
guardar silencio un momento,
anotar lo aprendido,
y continuar con más verdad y menos miedo.
En mi casa decían una frase que sigo recordando cuando dudo:
“Los errores son lecciones con factura.”
Y sí…
a veces salen caros.
Pero cuando realmente aprendes,
dejan de ser solamente caída…
y se convierten en claridad.
Porque al final…
hay tropiezos que no llegan para hundirte.
Llegan para impedir que sigas perdiéndote.
“La conciencia no crea la verdad… la descubre.”
— Antoine Abraham
PD histórica:
En 1812, la invasión de Rusia por Napoleón parecía imparable.
El ejército más poderoso de Europa avanzaba sin resistencia decisiva.
Pero el error no estuvo en la fuerza…
sino en el cálculo.
Napoleón Bonaparte subestimó el invierno, la distancia y la estrategia rusa de retirarse y quemar todo a su paso.
No hubo gran derrota al inicio.
Hubo decisiones pequeñas… mal evaluadas.
Y cuando llegó el frío,
ya era tarde para corregir.
De más de 600,000 soldados que entraron en Rusia,
menos de 100,000 lograron regresar.
Porque hay errores que no se notan cuando empiezan…
pero cuando los entiendes,
ya te han costado todo.
Y ahí es donde un tropiezo deja de ser advertencia…
y se convierte en destino.
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):



