Antoine Abraham

Ahora nos toca parecernos a Él

“No se fue… como pensamos.”

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay fiestas del cristianismo
que parecen lejanas…
hasta que entiendes lo que realmente nos están diciendo.

La Ascensión es una de ellas.

Porque durante años nos la pintaron así:

Jesús subiendo entre nubes,
alejándose de la tierra,
desapareciendo hacia el cielo.

Como una despedida elegante.

Como el final de la historia.

Pero en realidad…
la Ascensión no es la ausencia de Cristo.

Es el inicio de otra forma de presencia.

En sus últimas palabras, antes de ascender no son:

“Ahora sí… me voy.”

Son estas:

“Yo estaré con ustedes todos los días…
hasta el fin del mundo.”

Entonces, se va o no se va?.

Porque la Ascensión no trata de Cristo abandonando el mundo.

Porque Jesús asciende…
pero no desaparece.

Se va de la vista…
pero no de la historia.

LA ASCENSIÓN NO ES DISTANCIA

Se trata de Cristo tomando su lugar como Rey.

NO ES AUSENCIA.
ES ENTRONIZACIÓN.

Nosotros pensamos es “subir”
como quien se aleja.

Pero en la Biblia,
ascender no significa desaparecer.

Significa reinar.

“El Crucificado ahora reina.”

Por eso la Ascensión no es Jesús escapando de la historia…

es el momento en que el Crucificado entra en la gloria.

El rechazado.
El golpeado.
El que fue escupido públicamente.
El condenado como criminal.

Ese mismo…
ahora reina sobre todo.

Y esto importa más de lo que parece.

Porque el cristianismo no sigue la memoria de un hombre bueno.

Ni una filosofía bonita.

Ni frases motivacionales de hace dos mil años.

El cristianismo afirma algo mucho más radical:

que hay un hombre vivo,
resucitado,
reinando sobre la historia.

Y justo antes de ascender,
Jesús deja una orden.

No dice:
“Construyan templos.”

No dice:
“Ganen discusiones.”

No dice:
“Acumulen información religiosa.”

Dice:

“Hagan discípulos.”

Y eso, en lenguaje hebreo,
era muchísimo más fuerte que tener alumnos.

Porque un discípulo no solo aprendía lo que el maestro decía.

Aprendía a vivir como él.

A reaccionar, caminar y mirar como él.
Por eso el cristianismo nunca fue solo transmisión de ideas.

Fue transmisión de vida.

Por eso la Ascensión no cierra la misión.

La entrega.

Como diciendo:

“Ahora les toca a ustedes reflejarme en el mundo.”

“Ahora les toca parecerse a mí…pero sin verme.”

Porque cualquiera puede seguir a un maestro cuando lo tiene enfrente.

Lo difícil…
es reflejarlo cuando parece silencio.

CUANDO DIOS YA NO SE VE

Y quizá esa es una de las experiencias más humanas de la fe.

Hay momentos donde Dios parece evidente.

Y otros…
donde parece ausente.

Porque Cristo deja de ser visible…
pero no deja de estar presente.

Y eso cambia completamente la lógica de nuestra fe.

Porque entonces creer ya no significa “ver para seguir”.

Significa permanecer…
incluso cuando no entiendes todo.

Significa seguirlo en que perdonas.
En cómo hablas, decides y amas cuando Él no está físicamente.

Por eso las últimas palabras del Evangelio son tan brutales:

“Yo estaré con ustedes…
todos los días.”

Todos.

Los luminosos.
Los rotos.
Los que entiendes.
Y los que no.

Incluso esos días donde sientes que el cielo guarda silencio.

EL CIELO NO QUEDÓ LEJOS

Y quizá esto es lo más impresionante de la Ascensión.

No se trata solamente de que Jesús volvió al Padre.

Se trata de que la humanidad entró con Él.

Porque quien asciende no es un espíritu.

Es Cristo resucitado.

Con heridas.
Con memoria.
Con historia humana.

Eso significa que,
por primera vez,
un hombre entra glorificado al cielo.

Uno que conoció el cansancio.
La traición.
La angustia.
El miedo.
La muerte.

Y desde entonces…
el cielo ya no es ajeno al ser humano.

Ahora hay alguien ahí…
que sabe exactamente lo que pesa vivir aquí.

“Porque lo que ocurrió hace siglos…
tiene eco en la eternidad.”

– Antoine Abraham

P.D.

En el mundo antiguo,
cuando un rey era coronado,
muchas veces se sentaba oficialmente “a la derecha” del trono principal.

No porque hubiera dos reyes iguales…
sino porque esa posición simbolizaba autoridad compartida y honor supremo.

Por eso el Credo dice:

“Está sentado a la derecha del Padre.”

No está describiendo una silla.

Está proclamando algo muchísimo más fuerte:

el Crucificado…
reina.

“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

No te pareces….porque no estás cerca

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