Antoine Abraham

LA OBRA MÁS DIFÍCIL…. SOY YO

Puedo diseñar estructuras…
resolver sistemas…
y corregir fallas…

pero la pregunta más difícil
sigue siendo otra:

¿en quién me estoy convirtiendo…
mientras hago todo eso?

SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA

“NO BASTA CON FUNCIONAR… HAY QUE APRENDER A SER”

Como ingeniero, durante años me enseñaron a resolver problemas.
A detectar fallas.
A optimizar sistemas.
A mejorar estructuras.

Uno aprende a mirar cualquier cosa preguntándose:

¿Dónde está el error?
¿Dónde está la desviación?
¿Qué no está funcionando como debería?

Hasta que un día…
en uno de esos momentos donde nada termina de encajar,
donde algo dentro de mí no estaba bien,
donde sentía que necesitaba un “mantenimiento correctivo”…

me sorprendí haciéndome esa misma pregunta…

pero hacia mí.

Y no fue cómodo.

Porque una máquina puede fallar por desgaste.
Un sistema puede colapsar por mala calibración.
Un proceso puede desordenarse por falta de control.

El ser humano falla por algo más profundo:
cuando deja de gobernarse.

Una máquina puede funcionar perfectamente…
y no tener alma.

Un sistema puede ser preciso…
y estar vacío.

Una persona puede verse exitosa por fuera…
y al mismo tiempo estar profundamente desordenada por dentro.

Ahí entendí algo… así, de golpe:

la persona humana no es alguien que solo funciona.

No somos solo un sistema biológico eficiente.
No somos simplemente un conjunto de reacciones bien coordinadas.
No somos una sola inteligencia resolviendo problemas.

Somos persona.

Y eso cambia todo.

La persona no vale por lo que produce,
ni por lo que rinde,
ni por lo útil que resulta ante los demás.

Vale por lo que es…
y por lo que está llamada a ser.

Tiene dignidad por su ser,
no por su desempeño.

Y cuando uno entiende eso…
también entiende que perfeccionarse no es solo aprender más,
ganar más
o lograr más.

Perfeccionarse, en el fondo,
es aprender a ordenar el propio ser.

Tal vez me he dedicado muchos años a construir cosas afuera…

pero hoy lo veo distinto:

la obra más importante
sigue siendo la que ocurre dentro de mí.

Ahí es donde las virtudes dejan de sonar a teoría antigua

ya sabes, esos libros gordos y empolvados…
y se vuelven profundamente actuales.

La prudencia ya no es teoría:
es ver la realidad como es… antes de actuar.

La fortaleza ya no es “aguantar”:
es sostener el bien cuando cuesta.

La templanza ya no es represión:
es poner orden donde antes mandaba el impulso.

La justicia ya no es discurso:
es darle a cada uno lo que le corresponde…
empezando por no usar nunca a nadie como medio.

Y hay algo que cuesta aceptar:

muchas veces no necesito más capacidad…
necesito más dominio interior.

Puedo tener inteligencia… y vivir distraído.
Puedo tener voluntad… y elegir mal.
Puedo conocer el bien… y seguir postergándolo.

Puedo verme estructurado por fuera…
mientras por dentro sigo dejando
que mis impulsos, mis emociones o mis miedos…
decidan por mí.

Ahí comprendí algo decisivo:

el problema del ser humano no es solo que siente…
es que muchas veces deja de gobernarse.

Y cuando uno deja de gobernarse…
empieza a fragmentarse.

Por eso hoy me cuestiono distinto.

Ya no solo me pregunto si estoy creciendo profesionalmente.
Hoy me pregunto si estoy creciendo en estatura interior.

Ya no solo me interesa construir proyectos sólidos.
Me interesa construir un alma más ordenada.

Ya no solo me preocupa corregir errores técnicos.
Me preocupa corregir aquello en mí
que me aparta de mi verdadero fin.

Porque al final…

perfeccionarme como ser humano
no consiste en volverme impecable.

Consiste en volverme más verdadero.
Más unificado.
Más libre para el bien.

Más capaz de que mi inteligencia vea con claridad,
mi voluntad elija con firmeza
y mis pasiones aprendan a servir…
no a mandar.

Y ahí… sinceramente…
creo que empieza la obra más difícil de todas.

No la de construir algo fuera de mí.
Sino la de edificarme por dentro.

He dedicado años a entender cómo funcionan las cosas…
horas, días, años de estudio, de trabajo, de esfuerzo.

Pero la tarea más alta no es entender las cosas.

Es entenderme a mí mismo.
Y todavía más: reconstruirme.

Porque uno puede conquistar espacios, proyectos, reconocimiento…
y seguir siendo un desconocido para sí mismo.

La verdadera grandeza no está solo en lo que un hombre construye afuera…
sino en el orden interior que logra edificar dentro de sí.

Porque al final…

la pregunta decisiva no será cuánto hice.

Será en quién me convertí…
mientras lo hacía… 

Será en quién me convertí…
mientras lo hacía…  (no, no es un error, la puse 2 veces)

La gran ingeniería de la vida
no consiste solo en construir obras externas…

sino en ordenar el alma
para llegar a ser plenamente persona.

La conciencia no crea la verdad… la descubre.
– Antoine Abraham

P.D.

Recuerdo algo con mucha claridad.

Era el año 2000.
Centro de investigaciones.

Jornadas de 18 horas en un doctorado en ingeniería…
con la idea de “hacer un mundo mejor”.

(bueno… estaba en “esa” edad)…

Mi asesor de tesis, ya mayor, explicaba cómo mejorar la eficiencia de un sistema.
Hablaba de tolerancias, márgenes de error, termodinámica, mecánica de fluidos…

Y de pronto se detuvo…
y me dijo algo que en ese momento no entendí:

“Pasarás años aprendiendo a optimizar sistemas…
pero no sé si aprenderás a optimizar tu propia vida.”

…..Años después comprendí la profundidad de esa frase.

Tal vez la gran falla del ser humano no es que no sepa hacer cosas.

Es que muchas veces…
no trabajamos en nosotros mismos
con la misma disciplina con la que trabajamos en nuestra profesión.

Y desde entonces, cada vez que pienso en mejorar algo en mi vida…
recuerdo aquella pregunta.

No la de la eficiencia del sistema.

Sino la otra.

¿Estoy también trabajando
en mejorar la persona que soy?

 

2 comentarios en “LA OBRA MÁS DIFÍCIL…. SOY YO”

  1. Ana Elvira Ortiz

    Dios te siga inspirado a escribir de este modo. Es una forma tan sencilla de decirlo qué hace fácil comprender cada idea vertida.
    Gracias por compartir tus conocimientos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio