Antoine Abraham

LA PREGUNTA MÁS IMPORTANTE NO ES SI EXISTES… SINO QUÉ ERES.

CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

Una de las preguntas más profundas de la filosofía parece sencilla:

¿Qué significa ser?

No pregunta qué hace una cosa.
Ni para qué sirve.
Ni cuánto vale.

Pregunta algo más radical:

¿por qué algo es… y no simplemente nada?

La ontología comienza ahí.

El ser es lo más fundamental de la realidad.
Es el acto de existir.
Aquello por lo cual algo no es “nada”, sino algo real.

Pero aquí conviene distinguir.

Una cosa es el ser.
Y otra cosa es el ente.

El ente es aquello que tiene ser.
Es la cosa concreta que existe o puede existir.

Una persona.
Un árbol.
Una piedra.
Un foco.
Un animal.

Todos son entes porque poseen ser.

Pero el ser no es una cosa más dentro de ellos.
No es una pieza.
No es un órgano.
No es una parte visible.

El ser es aquello que hace que el ente exista.

Por eso un foco puede estar diseñado para iluminar.
Puede tener cables, vidrio, forma y estructura.
Pero solo ilumina cuando está en acto.

Algo parecido ocurre con las cosas.

Pueden tener una esencia, es decir, aquello que las hace ser lo que son.

El agua tiene una esencia.
El árbol tiene una esencia.
El ser humano tiene una esencia.

La esencia responde a la pregunta:

¿qué es esto?

Pero la existencia responde a otra pregunta:

¿esto existe realmente?

Y aquí aparece una distinción clave.

Un unicornio puede tener esencia en nuestra mente.
Podemos imaginarlo, describirlo, dibujarlo.
Sabemos “qué sería”.

Pero no tiene existencia real fuera de la mente.

En cambio, una persona concreta no solo tiene esencia.
Tiene existencia.

Está ahí.
Vive.
Actúa.
Ocupa un lugar en la realidad.

Por eso la filosofía clásica insistía tanto en distinguir entre lo que algo es y el hecho de que exista.

Porque no basta imaginar una cosa para que sea real.

Y no basta conocer su definición para comprender su profundidad.

El ser humano no es solo una idea.
No es solo una función.
No es solo una utilidad.

Es un ente real, con esencia propia y existencia concreta.

Y desde ahí comienza toda ética seria.

Porque antes de preguntar qué puede hacer una persona…
hay que reconocer primero que es.

Y porque tiene ser, posee dignidad.

Porque no todo lo que nos impulsa debe dirigirnos. Y no todo lo que deseamos merece gobernar nuestra vida.

— Antoine Abraham

PD. Sócrates enseñaba que una vida sin examen no merece ser vivida. Curiosamente, siglos después, muchos filósofos dirían que antes de preguntarnos cómo vivir, debemos responder algo todavía más profundo: qué somos realmente. Porque la ética comienza con nuestras acciones, pero la ontología comienza con nuestra identidad.

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

La ingeniería de las Pasiones

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