Antoine Abraham

La lista de profecías que no terminé

ECOS QUE TRASCIENDEN

Ya saben que soy un poco obsesivo con estas cosas.

Y en estos días se me ocurrió hacer algo que, en ese momento, me pareció bastante sencillo:

contar cuántas profecías del Antiguo Testamento se cumplieron en Jesús.

Abrí la Biblia, tomé una libreta y empecé.

Belén.

La entrada en Jerusalén.

Las treinta monedas.

El siervo sufriente.

Sus vestidos repartidos.

El que sería traspasado.

Una detrás de otra….

Pero entonces ocurrió algo que no esperaba.

Busqué cuántas eran en total…

y encontré cifras diferentes.

Unos hablaban de algunas decenas.

Otros de más de cien.

Otros aseguraban que eran más de trescientas.

Y mi lado obsesivo inmediatamente quiso saber:

¿Bueno… pero cuántas son exactamente?

Hasta que descubrí que estaba haciendo la pregunta equivocada.

Porque el problema no estaba en contarlas.

El problema estaba en decidir qué debía contar como profecía.

Y ahí comenzó para mí una historia mucho más interesante.

Porque nosotros solemos imaginar una profecía como una predicción:

«Dentro de muchos años ocurrirá esto».

Y después buscamos el momento en que aquello ocurrió.

Pero cuando uno entra en el Antiguo Testamento descubre que la relación entre aquellas Escrituras y Jesús es muchísimo más profunda.

Hay textos que parecen anunciar acontecimientos futuros.

Pero hay otros que originalmente hablaban de Israel, de un rey, de un siervo, de una situación histórica concreta o incluso de la experiencia personal de quien escribió un salmo.

Y, sin embargo, siglos después, los primeros cristianos volvieron a leerlos…

y encontraron a Jesús allí.

Por ejemplo:

Miqueas había hablado de Belén.

Zacarías había imaginado a un rey entrando humilde, montado sobre un asno.

Isaías había descrito misteriosamente a un siervo sufriente.

El Salmo 22 hablaba de sufrimiento y de vestiduras repartidas.

Zacarías decía:

«Mirarán al que traspasaron».

Y los evangelistas comenzaron a unir aquellas piezas con lo que habían visto ocurrir.

Entonces comprendí algo.

Los primeros cristianos no tenían al final del Antiguo Testamento una lista que dijera:

«Estas son las 300 profecías que deberá cumplir el Mesías».

Tenían algo mucho más fascinante.

Tenían siglos de Escrituras.

Promesas.

Salmos.

Personajes.

Imágenes.

Esperanzas.

Historias.

Y después conocieron a Jesús.

Entonces hicieron algo extraordinario:

volvieron a leer hacia atrás.

Y textos que conocían desde niños comenzaron a adquirir una profundidad que antes no habían visto.

Quizá por eso nunca conseguí terminar mi lista.

Porque cuanto más intentaba contar las profecías…

más difícil resultaba saber dónde terminaba la profecía y dónde comenzaba algo todavía más hermoso:

el eco…. El que nunca deja de resonar en mi mente

Una historia antigua que encontraba otra historia.

Una imagen que parecía encontrar su rostro.

Una promesa que adquiría un significado nuevo.

Y entonces dejé de preguntarme:

«¿Cuántas profecías cumplió Jesús?»

Y empecé a hacerme otra pregunta:

¿Qué tuvieron que descubrir aquellos primeros cristianos en Jesús para comenzar a encontrarlo por todas partes en las Escrituras que llevaban toda la vida leyendo?

Tal vez eso sea lo verdaderamente extraordinario.

No que podamos poner un número al final de una lista.

Sino que, después de conocerlo, tuvieron que volver al principio para comprender todo lo que habían leído antes.

Como quien lleva años contemplando las piezas de un mosaico…

y un día, finalmente, descubre el rostro que formaban.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

— Antoine Abraham

P.D. ¿ENTONCES CUÁNTAS FUERON?

No existe una cifra única.

Algunas listas hablan de decenas de profecías cumplidas en Jesús; otras superan las trescientas. La diferencia depende de qué se considere profecía directa, figura o relectura mesiánica.

Pero hay un detalle fascinante:

Muchos de esos textos ya existían mucho antes de Jesús.

Lo sabemos, entre otras cosas, por la Septuaginta, la antigua traducción al griego de las Escrituras judías, realizada varios siglos antes y en los siglos previos al nacimiento de Jesús.

Belén ya estaba allí.

El siervo sufriente ya estaba allí.

El rey sobre un asno ya estaba allí.

El traspasado ya estaba allí.

Jesús llegó después.

Quizá por eso lo verdaderamente sorprendente no sea cuántas fueron…

sino lo que aquellos primeros cristianos comenzaron a descubrir cuando volvieron a leerlas después de conocerlo.

 

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2 comentarios en “La lista de profecías que no terminé”

  1. Gracias Antoine por hacernos regresar a la escritura para comprender la presencia de Dios en todo y todos y que sus tiempos son perfectos.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Florangely. Volver a la Escritura es descubrir, una y otra vez, que Dios ha ido dejando sus huellas a lo largo de toda la historia. Gracias por leerme y acompañarme en estas reflexiones. Un abrazo.

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