Antoine Abraham

La diferencia entre funcionar y vivir

“NO TODO LO QUE EXISTE… ESTÁ VERDADERAMENTE VIVO”

SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

Vivimos rodeados de cosas que existen.

Piedras.
Metal.
Pantallas.
Edificios.
Datos.
Máquinas.

Todo eso existe.

Pero existir no significa vivir.

Y aunque parezca una diferencia pequeña…
en realidad cambia toda la forma de entender al ser humano.

Porque lo inerte simplemente está ahí.

Ocupa espacio.
Permanece.
El no viviente movido desde fuera.

Pero lo vivo posee algo distinto.

Se mueve desde dentro.
Crece.
Se desarrolla.
Tiende hacia algo.

La filosofía clásica veía aquí una diferencia enorme:

el viviente no solo existe…
actúa desde sí mismo.

Tiene interioridad.

La vida viene del verbo “vivir”, que es ese conjunto de actos que realiza el viviente

Por eso Aristóteles hablaba de un principio vital interno.
Aquello que hace que un ser sea verdaderamente viviente y no solamente materia organizada.

A eso lo llamó alma

Un ser animado es algo que tiene alma “ánima”

Y aquí aparece uno de los malentendidos más grandes de nuestra época.

Hoy, cuando alguien escucha la palabra “alma”, imagina algo religioso, fantasmal o separado del cuerpo.

Pero para la filosofía clásica, alma significaba primero algo muchísimo más profundo:

el principio que da vida.

Aquello que organiza un ser desde dentro.
Aquello que lo orienta hacia su propia realización.

Por eso una planta posee alma vegetativa:
crece,
se nutre,
se reproduce.

Un animal posee además alma sensitiva:

Básicamente sentidos externos e internos:

percibe,
desea,
reacciona,
busca.

Pero el ser humano… posee algo más.

No solo vive.
Sabe que vive.

Posee un alma espiritual y racional

Que son en otras palabras, el portador de la inteligencia y voluntad

Puede preguntarse por sí mismo.
Puede contemplar la verdad.
Puede elegir incluso contra sus impulsos.
Puede sacrificar placer por amor.
Puede renunciar al beneficio por justicia.
Puede preguntarse por el sentido de su existencia.

Y eso cambia radicalmente al ente humano.

Porque entonces el hombre ya no puede reducirse solamente a biología, química o impulso.

Hay hambre que alimenta el cuerpo…
y hambre que ninguna comida logra tocar.

Hay vacíos que no se llenan con entretenimiento.
Ni con consumo.
Ni con placer.
Ni con reconocimiento.

Y quizá por eso hoy vivimos una contradicción tan extraña:

nunca habíamos tenido tantos estímulos…
y nunca había existido tanta sensación de vacío.

Porque una persona puede seguir funcionando…
sin realmente estar viviendo humanamente.

Puede trabajar.
Consumir.
Desear.
Reaccionar.
Distraerse constantemente.

Y aun así sentir que algo dentro se va apagando lentamente.

Porque vivir humanamente no consiste solamente en respirar.

Consiste en desarrollar aquello que corresponde a nuestra naturaleza más profunda.

La inteligencia.
La verdad.
La libertad.
El amor.
La capacidad de salir de uno mismo.
La posibilidad de orientar la vida hacia el bien.

Y cuando el ser humano deja de mirar hacia arriba…
empieza lentamente a encerrarse en lo más básico de sí mismo.

Entonces deja de buscar verdad
y empieza solo a buscar estímulos.

Deja de buscar sentido
y empieza solo a buscar distracción.

Deja de preguntarse quién debe ser…
y empieza únicamente a perseguir lo que siente.

Y ahí aparece una de las tragedias más silenciosas de nuestra época:

personas biológicamente vivas…
pero interiormente vaciadas.

Así como un ser inanimado, que no tiene principio vital..

Porque no todo lo que respira está plenamente vivo.

Algunas personas sobreviven.
Otras despiertan.

“La conciencia no crea la verdad… la descubre.”

— Antoine Abraham

P.D.
Aristóteles observaba algo impresionante:

un cuerpo muerto y uno vivo pueden poseer prácticamente los mismos elementos químicos.

La diferencia no está solo en la materia.
Está en el principio que organiza la vida desde dentro.

Por eso la filosofía clásica entendía que vivir no era simplemente “tener partes funcionando”.

Era poseer una unidad interior orientada hacia un fin….. Alma

Y quizá por eso el vacío moderno no desaparece con más actividad.

Porque el alma humana no necesita solamente movimiento.

Necesita dirección.

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

Cuando el ser se vuelve opción (capítulo 2)

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