Antoine Abraham

El Hombre del Mañana

CONCIENCIA Y CON-CIENCIA

Todos conocemos al hombre del mañana.

En mi caso, soy yo.

Pero una versión extraordinaria de mí mismo.

Hace ejercicio, gimnasio porque hay que sacar músculo.

Come sano, de preferencia nada procesado

Lee todos los días.

No pierde el tiempo viendo tiktoks de caídas chistosas en el teléfono.

No sale a ver el futbol americano con amigos entre semana, para acostarse temprano.

Se levanta de buen humor y le encanta que sus hijas le hagan mil preguntas.

Es prácticamente Aristóteles con abdominales.

Solo tiene un pequeño problema:

Nunca vive hoy.

Porque mañana sí voy a empezar.

Mañana camino.

Mañana como mejor.

Mañana ordeno mi archivo muerto que lleva tres años esperando una intervención arqueológica.

Mañana llevo a que le suban los dobladillos a mis pantalones.

Y si fuera mi mujer:

Mañana busco en cuál de mis bolsas dejé el duplicado de la llave del coche.

Pero mañana, sin duda, seré otra persona.

El problema es que llega mañana…

y yo sigo siendo yo.

Entonces aparece una institución fundamental de la vida adulta:

el lunes.

Porque si uno fracasó el martes, evidentemente no tiene ningún sentido corregir el miércoles.

Hay que esperar al lunes.

El lunes posee propiedades casi sobrenaturales.

El lunes comenzamos la dieta.

El lunes hacemos ejercicio.

El lunes dejamos el azúcar.

El lunes organizamos nuestra vida.

Y si el lunes se complica…

afortunadamente existen otros lunes.

Después está mi famoso:

“Solo voy a descansar cinco minutos”.

Frase pronunciada por millones de personas antes de despertar cuarenta y cinco minutos después sin saber en qué año viven.

Y qué decir del teléfono.

Uno lo toma exclusivamente para consultar algo importante.

Tres minutos después está viendo un video de un señor en Finlandia construyendo una cabaña con sus propias manos.

No sabemos quién es.

No necesitamos una cabaña.

Probablemente nunca iremos a Finlandia.

Pero ahora necesitamos saber si terminará el techo.

Y así vamos posponiendo pequeñas cosas convencidos de que todavía tenemos tiempo.

Lo curioso es que detrás de todo esto hay algo profundamente humano.

Nos encanta pensar que somos lo que queremos llegar a ser.

Pero no necesariamente.

Yo puedo querer ser paciente y pasarme el día perdiendo la paciencia.

Puedo querer ser generoso y nunca compartir nada.

Puedo querer cuidar mi cuerpo y tratarlo como si tuviera refacciones ilimitadas.

Puedo querer decirle a alguien que lo quiero…

y seguir esperando el momento adecuado.

Porque nuestra vida no se construye solamente con grandes decisiones.

Se construye con pequeñas repeticiones.

Con eso que hacemos hoy.

Y mañana.

Y pasado mañana.

Hasta que un día deja de ser algo que hacemos…

y comienza a convertirse en algo que somos.

Quizá por eso el verdadero problema de decir “mañana empiezo” no sea aplazar una dieta, una caminata o un libro.

Es olvidar que mientras esperamos convertirnos en la persona que queremos ser…

ya nos estamos convirtiendo en alguien.

Hoy.

P.D. Hay algo todavía más curioso: algún día diremos “mañana lo hago” por última vez… sin saber que ya no habrá mañana para hacerlo.

Porque la vida no se nos acaba de golpe… se nos va acabando de “mañana en mañana”.

Atte: El Antoine de hoy

2 comentarios en “El Hombre del Mañana”

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Katinka. Me alegra mucho saber que la reflexión te llegó. A veces el “mañana” nos promete tanto que se nos olvida que la vida siempre está ocurriendo hoy

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