ECOS QUE TRASCIENDEN
Todos recordamos la frase:
“La mies es mucha y los obreros pocos.”
Pero seamos sinceros…
¿Cuántos de nosotros usamos la palabra mies en una conversación normal?
La palabra proviene del mundo agrícola y se refiere al cereal maduro listo para ser cosechado.
Es el trigo cuando ya está preparado para ser recogido.
Es el fruto después de meses de trabajo.
Por eso, cuando Jesús habla de la mies, no está hablando simplemente de un campo.
Está hablando de personas.
De corazones preparados.
De vidas que están esperando encontrar sentido, esperanza y dirección.
Y es precisamente entonces cuando pronuncia una frase que sigue teniendo fuerza dos mil años después:
«La mies es mucha y los obreros pocos.»
Pero antes de decirla ocurre algo que suele pasar desapercibido.
Antes de hablar de la mies…
Jesús mira.
Y lo que ve le conmueve profundamente.
El texto dice:
«Al ver a las multitudes, se compadecía de ellas, porque estaban extenuadas y desamparadas, como ovejas sin pastor.»
Ahí está la clave de toda la escena.
No comenzó con una estrategia.
No comenzó con un plan pastoral.
No comenzó con una organización.
Comenzó con una mirada.
Jesús vio algo que otros no estaban viendo.
Vio personas cansadas.
Personas heridas.
Personas perdidas.
Personas que caminaban sin dirección.
Y entonces aparece una palabra fascinante.
El evangelista utiliza el verbo griego σπλαγχνίζομαι (splagchnízomai).
No significa simplemente sentir lástima.
Es una compasión que nace desde las entrañas.
Un movimiento interior tan profundo que impulsa a actuar.
No es una emoción pasajera.
Es un amor que se involucra.
Por eso Jesús no se limita a sentir.
Hace algo.
Llama a doce hombres comunes.
Pescadores.
Un cobrador de impuestos.
Personas con defectos, miedos y limitaciones.
Y los envía.
Porque el Reino de Dios siempre ha avanzado así.
No mediante personas perfectas.
Sino mediante personas disponibles.
Y aquí aparece otro detalle que suele olvidarse.
Jesús no les dice:
«Vayan y conquisten.»
Les dice:
«Vayan en busca de las ovejas perdidas.»
La misión comienza buscando.
Escuchando.
Acompañando.
Acercándose a quien se quedó atrás.
Y termina con una frase que debería resonar en cada discípulo:
«Gratuitamente han recibido; den gratuitamente.»
Porque el amor verdadero no se comercia.
No se cobra.
No se presume.
No se convierte en un negocio.
Simplemente se entrega.
Tal vez el este Evangelio Jesús nos invita a hacernos una pregunta:
Cuando vemos a las personas que nos rodean…
¿las vemos como Jesús las vio?
¿O hemos dejado de mirar con compasión?
Porque la mies sigue siendo mucha.
Y quizá el primer paso para trabajar en ella no sea hablar más de Dios…
sino aprender a mirar como Él mira.
Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
— Antoine Abraham
PD. En el mundo antiguo, un pastor no solo guiaba al rebaño. Dormía cerca de él, conocía sus heridas y respondía por cada oveja perdida. Por eso, cuando Jesús dice que las multitudes estaban «como ovejas sin pastor», está describiendo personas que habían dejado de sentirse acompañadas. Y quizá una de las mayores necesidades de nuestro tiempo siga siendo exactamente la misma.
“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):




Gracias Antoni, después de tan amplia y profunda explicación de este pasaje del Evangelio, me es fácil orar por los sacerdotes, no criticarlos y tratar de colaborar con mi granito de arena.
Dios te bendiga 🙏
Gracias, Ana María. Me alegra mucho que esta reflexión te haya ayudado. Necesitamos más personas que, como tú, respondan con oración, comprensión y colaboración