ECOS QUE TRASCIENDEN
¿Qué significaba realmente seguir a un rabí en el siglo I?
Hoy la frase “seguir a Jesús” suele sonar romántica.
La imaginamos como una decisión interior, un sentimiento espiritual o una idea bonita.
Pero en la Judea del tiempo de Yeshúa, ser discípulo no era un sentimiento…
Era una forma de vida.
Los caminos de Israel eran áridos, secos y cubiertos por una fina capa de polvo calizo.
Cuando un rabí caminaba de una aldea a otra, sus discípulos no lo seguían a distancia “respetuosa”.
Caminaban tan cerca…
tan pegados a sus talones…
que el polvo que levantaban las sandalias del Maestro al caminar no caía de nuevo al suelo…
caía sobre el discípulo.
De hecho, una antigua enseñanza judía lo decía de forma directa:
«Empólvate con el polvo de los pies de tu maestro.»
(Pirkei Avot 1,4)
Si al final del día veías a un joven entrar en una aldea y estaba limpio…
sabías que probablemente no tenía maestro.
Pero si veías a un hombre con la túnica gris por la tierra…
con el cabello blanquecino por el polvo…
y las pestañas cargadas de arena…
sabías una cosa:
ese hombre tiene un Maestro…
y no se ha separado de Él.
El apóstol Juan escribió:
«El que dice que permanece en Él, debe andar como Él anduvo.»
(1 Juan 2,6)
No dice:
«debe pensar como Él pensó»
o
«debe sentir como Él sintió».
Dice:
ANDAR.
Ese es uno de los grandes problemas de la fe moderna.
Queremos las palabras del Maestro…
pero queremos caminar a una distancia limpia.
Queremos su perdón…
pero no su estilo de vida.
Queremos su paz…
pero no sus sandalias sucias por ir a buscar al marginado.
Queremos ser cristianos…
pero nos aterra que el mundo nos vea cubiertos de la “suciedad” de un compromiso real.
Hoy muchos admiramos a Yeshúa desde la acera…
viendo cómo Él pasa.
Pero un discípulo no es un admirador.
Un discípulo es alguien que decide que donde pise el Maestro…
pisará él.
Si tu vida hoy está demasiado limpia…
si no hay rastro del sacrificio de Yeshúa en tus decisiones…
si tu carácter no se está ensuciando en la labor de amar a los difíciles…
quizá estás caminando muy lejos.
¿Estás lo suficientemente cerca de Él como para que Su polvo te cubra?
¿O estás caminando tan lejos…
que nadie puede notar a quién sigues?
En el tiempo de Jesús, los discípulos caminaban detrás del rabí…
cubiertos por el polvo de sus pies.
Pero después de la Resurrección ocurrió algo aún más grande.
Los discípulos ya no solo caminaban detrás de Él…
Cristo empezó a caminar dentro de ellos.
La verdadera devoción no se mide por cuánto sabes…
sino por cuánta tierra del camino del Maestro llevas pegada a la piel.
Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
— Antoine Abraham
PD. Los Evangelios llaman a los discípulos μαθηταί (mathētai): aprendices que imitaban la vida de su maestro. En el mundo bíblico, aprender no consistía en tomar apuntes… consistía en caminar tan cerca que terminabas pareciéndote a quien seguías.
“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):



