CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad
Hay una pregunta que parece sencilla, pero que ha acompañado a la filosofía durante miles de años.
¿Qué te hace ser tú?
La mayoría respondería mencionando su nombre, su profesión, su historia o sus recuerdos.
Pero pensemos un momento.
Si cambiaras de trabajo, ¿seguirías siendo tú?
Si te mudaras de ciudad, ¿seguirías siendo tú?
Si perdieras todas tus posesiones, ¿seguirías siendo tú?
La respuesta parece evidente.
Sí.
Seguirías siendo la misma persona.
Y eso nos permite descubrir algo importante.
Muchas de las cosas con las que solemos identificarnos no son realmente lo que somos.
Tenemos una profesión, pero no somos nuestra profesión.
Tenemos bienes, pero no somos nuestros bienes.
Tenemos cualidades, éxitos, fracasos y experiencias, pero ninguna de esas cosas agota lo que somos.
Aquí aparece una de las preguntas centrales de la ontología.
Si tantas cosas pueden cambiar en nuestra vida y seguimos siendo nosotros mismos…
¿qué es exactamente lo que permanece?
Los filósofos clásicos hablaban de algo llamado identidad.
No en el sentido moderno de gustos, preferencias o estilos de vida.
Sino en un sentido más profundo.
Aquello que hace que una realidad siga siendo la misma a través del cambio.
Porque todos cambiamos.
Nuestro cuerpo cambia.
Nuestras ideas cambian.
Nuestros conocimientos cambian.
Incluso nuestra personalidad puede madurar con los años.
Sin embargo, seguimos diciendo:
«Soy yo.»
Existe una continuidad que permanece detrás de todos esos cambios.
Y quizá aquí aparece uno de los errores más frecuentes de nuestro tiempo.
Confundir lo que somos con lo que hacemos.
Cuando alguien pierde su trabajo, siente que perdió su valor.
Cuando envejece, siente que perdió importancia.
Cuando fracasa, piensa que ha dejado de ser alguien valioso.
Pero eso ocurre porque hemos empezado a medir a las personas por lo que producen y no por lo que son.
La ontología nos recuerda algo distinto.
Antes de hacer cosas…
somos.
Antes de producir…
somos.
Antes de triunfar o fracasar…
somos.
Y ese ser tiene un valor que no depende de la utilidad, del reconocimiento o de los resultados.
Por eso la pregunta no es solamente quién quieres llegar a ser.
La pregunta más profunda es otra:
¿Qué es aquello que permanece en ti cuando todo lo demás cambia?
Tal vez ahí comienza el verdadero conocimiento de uno mismo.
No cuando descubrimos lo que tenemos.
Ni siquiera cuando descubrimos lo que hacemos.
Sino cuando empezamos a comprender lo que somos.
Porque solo quien sabe quién es…
puede entender hacia dónde debe caminar.
Porque al final… toda decisión moral revela quién eres. La conciencia no crea la verdad… la descubre.
-Antoine Abraham
PD. Hay fotografías que nos muestran con veinte, cuarenta o setenta años de diferencia. Todo parece distinto. El rostro, la voz, el cuerpo. Sin embargo, cuando las observamos, solemos decir: «ese soy yo». Quizá ahí se esconda una de las preguntas más profundas de la existencia humana.




Muy interesante y me hace reflexionar para mejor mi manera de vivir para con todos los q me rodean gracias x su ayuda
Muchas gracias, Landy. Me alegra saber que esta reflexión te ha dejado algo para el corazón. Al final, la verdadera transformación no comienza cuando sabemos más, sino cuando vivimos mejor.