Antoine Abraham

No todo cambio es crecimiento

Hay cambios que parecen avance… hasta que te das cuenta de lo que te quitaron.

SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

Hay personas que creen que crecer es sentirse mejor.
O pensar más positivo.
O aprender a soltar.
O ya no engancharse con nada.

Pero no siempre.

A veces uno deja de reaccionar…
no porque haya madurado,
sino porque se enfrió.
Porque se cansó.
Porque se endureció.
Porque ya no espera nada.

Y eso no siempre es crecimiento.
A veces solo es desgaste disfrazado de paz.

El verdadero crecimiento no consiste en sentir menos.
Consiste en gobernarse mejor.

No está en dejar de experimentar enojo, miedo, tristeza o frustración.
Está en que esas emociones ya no te arrastren como antes.
Está en que ya no te manden.
Está en que ya no te rompan el rumbo.

Porque madurar no es apagar lo que sientes.
Es aprender a ordenar lo que sientes.

Hay reacciones que antes nacían solas:
un impulso,
una herida,
una palabra mal dicha,
una crítica,
un rechazo,
una pequeña traición…

Y bastaba eso
para sacarte de ti.

Te descontrolabas.
Respondías desde el enojo.
Desde el orgullo.
Desde la ansiedad.
Desde la necesidad de tener la razón.
Desde la parte menos trabajada de ti mismo.

Hasta que un día algo empieza a cambiar.

No porque el mundo se vuelva más suave.
Sino porque tú empiezas a dejar de vivir a merced de todo lo que te toca.

Y ahí aparece una señal más profunda de crecimiento:

cuando la misma situación llega…
pero ya no te encuentra igual.

Antes explotabas.
Ahora piensas.

Antes te defendías de inmediato.
Ahora disciernes.

Antes reaccionabas.
Ahora eliges.

Y esa diferencia, aunque parezca pequeña,
es gigantesca.

Porque una persona empieza a crecer de verdad
cuando deja de ser esclava de sus impulsos.

Cuando entre lo que le pasa
y lo que decide hacer
empieza a aparecer un espacio.

Un espacio interior.

Y en ese espacio
empieza a nacer el dominio de sí,
la libertad interior,
la conciencia de quién se quiere llegar a ser.

Ahí empieza algo grande.

Porque al final,
no te define solo lo que sientes.

Te define lo que haces con eso.

Y quizá una de las señales más claras de que sí estás cambiando
no es que tu vida tenga menos conflictos…

sino que ya no todo tiene el poder de sacarte de tu centro.

Porque al final… toda decisión moral revela quién eres.
La conciencia no crea la verdad… la descubre.

– Antoine Abraham

PD histórica:
En la antigua Roma, los estoicos no hablaban desde la calma… sino desde el caos.

Marco Aurelio escribió muchas de sus reflexiones en medio de guerras, enfermedades y traiciones políticas. No buscaba “sentirse bien”. Buscaba no perderse a sí mismo.

Epicteto fue esclavo. Su cuerpo estaba limitado… pero su enseñanza insistía en algo radical: lo único verdaderamente tuyo es cómo respondes.

Y Séneca, rodeado de poder, corrupción y muerte, repetía una idea: el hombre no se destruye por lo que le pasa… sino por cómo lo interpreta.

Ellos no intentaban dejar de sentir.
Intentaban no ser gobernados por lo que sentían.

Por eso la pregunta no era:
“¿Qué me está pasando?”

Sino:
“¿En quién me estoy convirtiendo con lo que me pasa?”

Ahí está el punto:
no todo cambio es crecimiento.

A veces uno solo se endurece.

Crecer, en cambio,
es seguir sintiendo…
pero ya no vivir gobernado por la herida.

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

No eres lo que sientes, eres lo que decides hacer con eso

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio