Antoine Abraham

El enemigo que habla con mi voz

CONCIENCIA Y CON-CIENCIA

Hay días en los que mi cabeza no está despejada.

Es como una casa donde nunca deja de entrar gente, llegan los pendientes, las preocupaciones, los «¿y si…?», los errores que ya no puedo cambiar, las conversaciones que nunca ocurrieron… pero que ya discutí cien veces en mi mente.

Parece que todos encuentran lugar.

Se acomodan.

Se sirven un poco de mis angustias.

Brindan con mis inseguridades.

Y hacen del ruido su hogar.

Lo curioso es que no todos esos pensamientos vienen de la realidad, muchos nacen de mí.

Porque la mente tiene una capacidad extraordinaria: puede crear problemas incluso cuando todo está en calma.

Quizá porque ser humano significa vivir una permanente tensión interior.

Dentro de nosotros conviven la razón que busca la verdad… y los impulsos que buscan lo inmediato.

La inteligencia reconoce un camino.

Las emociones muchas veces quieren otro.

Y la voluntad queda justo en medio, decidiendo a quién escuchar.

Esa tensión no es un defecto de nuestra naturaleza.

Es parte de lo que significa ser humano.

Necesitamos cierto grado de tensión para vivir, sin ella, probablemente no reaccionaríamos, no estudiaríamos, no trabajaríamos y no creceríamos.

Pero cuando esa tensión deja de servir a la vida… y comienza a gobernarla… algo se rompe por dentro.

Entonces comprendí algo.

Quizá el problema nunca fueron los pensamientos.

Sino permitir que cualquiera de ellos tomara el control.

Porque una idea repetida muchas veces… termina pareciendo una verdad.

Pero la realidad tiene una característica extraordinaria: sigue siendo lo que es, aunque dejemos de verla

El ser de las cosas permanece, aunque nuestra percepción se equivoque.

Por eso una mentira puede instalarse en la mente…

pero nunca convertirse en verdad.

Y una mentira que habita demasiado tiempo en nuestra cabeza… acaba sintiéndose como parte de nosotros.

Pero hay una última revelación, quizá la que más me atrapa de todas.

Después de culpar al trabajo, al tiempo, a las circunstancias, a los demás…

descubrí que el demonio más insistente…

el que mejor conoce mis miedos…

el que sabe exactamente dónde herirme…

muchas veces soy yo mismo.

No porque quiera destruirme.

Sino porque pocas veces cuestiono la voz con la que me hablo.

Y tal vez la verdadera libertad no consiste en callar todos los pensamientos…

sino en aprender cuáles merecen quedarse.

Porque no todo pensamiento merece convertirse en una convicción.

Y no toda voz que escuchamos dentro de nosotros merece llamarse conciencia.

Hay pensamientos que nacen del miedo.

Otros del orgullo.

Otros del cansancio.

Y solo algunos nacen de la verdad.

La madurez comienza cuando aprendemos a distinguir unos de otros.

Lo más peligroso de nuestros pensamientos no es que existan. Es cuando les damos un lugar que nunca debieron ocupar

Porque aquello que gobierna tu mente… termina gobernando tu vida.

– Antoine Abraham

PD: El mayor acto de libertad no es pensar lo que uno quiere. Es aprender a reconocer qué pensamientos merecen convertirse en verdad.

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