Antoine Abraham

EL CRIMINAL QUE ENTRÓ PRIMERO AL PARAÍSO (capítulo: 3)

Hay momentos donde todo parece perdido… pero es justo ahí donde comienza la eternidad.

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN

Jesús no fue crucificado solo.
(Eso seguro ya lo sabes… pero detente un momento).

En el mundo romano, la crucifixión estaba reservada para los peores delitos:
rebeldes, asesinos o enemigos del imperio.

Y ahí… junto a Él… había dos hombres.

Uno de esos hombres también insultaba a Jesús.

Pero el otro… hace algo inesperado.

Mientras todos se burlan…
él reconoce algo que nadie más en ese momento parece ver.

Mira a Jesús… y dice:

“Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu Reino.”
(Lucas 23,42)

Es una frase sorprendente.

Porque en ese momento…
Jesús parece derrotado.

Está cubierto de sangre.
Está muriendo lentamente.

Tiene un cartel sobre su cabeza que dice:
“Rey de los judíos”…

Como burla.

Y sin embargo…

aquel hombre ve algo más profundo.

Ve un Rey… en medio de la cruz.

Y aquí hay algo que casi nadie nota.

En los Evangelios, la mayoría de las personas
no llaman a Cristo simplemente “Jesús”.

Normalmente dicen:
Rabí… Señor… Hijo de David.

Pero este hombre no.

Solo dice:

“Jesús.”

Y ese nombre… no es cualquier nombre.

Yeshúa significa: “Dios salva.”

Es decir… en medio de la cruz…
mientras todos ven a un condenado derrotado…

ese criminal está proclamando algo desde el fondo de su corazón
sin siquiera dimensionarlo:

“Dios salva… acuérdate de mí.”

Y aquí viene lo que hace a Jesús voltear.

No pide bajar de la cruz.
No pide que lo salve del dolor.
No pide un milagro.

Solo pide ser recordado.

Y eso revela una fe impresionante.

Porque en ese momento no había resurrección.
No había gloria.
No había milagro.

(Y esto es clave…)

No podía pedir algo que no sabía que existía.

Entonces Jesús responde con la segunda palabra desde la cruz:

“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.”
(Lucas 23,43)

Pero fíjate de este detalle:

En los manuscritos originales de la Biblia…
no existían las comas.

Por eso la frase puede leerse de dos maneras:

“En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el Paraíso.”

o

“En verdad te digo hoy: estarás conmigo en el Paraíso.”

Es decir:

“Hoy te lo aseguro… estarás conmigo en el Paraíso.”

Y aquí entra algo profundamente cristiano.

Después de morir, Jesús no sube inmediatamente al cielo.

El Credo lo dice claramente:

“Descendió a los infiernos.”

Es decir… al lugar de los muertos…

donde esperaban los justos del Antiguo Testamento:

Abraham.
Moisés.
David.

Pero en cualquiera de las dos lecturas…
hay algo que no cambia:

Un criminal moribundo…
se convierte en el primer hombre
al que Jesús le promete el Paraíso
desde la cruz.

Y aún hay más.

La palabra que usa el Evangelio en griego es:

parádeisos.

Esa palabra no nació en la Biblia.

Viene del mundo persa antiguo…
y significaba:

“jardín real.”

El lugar reservado para el Rey.

Un jardín protegido.
Lleno de vida.
De belleza.
De paz.

Cuando los judíos tradujeron las Escrituras al griego…
usaron esa palabra para describir el jardín del Edén.

Así que cuando Jesús dice “Paraíso”…
no está hablando simplemente de “ir al cielo”.

Está diciendo algo mucho más profundo:

Hoy volverás al jardín perdido.

El jardín que la humanidad perdió con el pecado…
se está abriendo nuevamente.

Y se abre… desde una cruz.

Y aquí viene lo que rompe todos los esquemas.

La primera persona que entra en ese jardín restaurado…

No es un apóstol.
No es un santo famoso.
No es un líder religioso.

Es un criminal.

Arrepentido… sí.

Pero criminal.

Eso revela algo radical sobre la misericordia de Dios:

Nunca es demasiado tarde.

Mientras haya un último latido…
la puerta del Paraíso… puede abrirse.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
– Antoine Abraham

P.D. La tradición cristiana le dió un nombre a ese hombre: Dimas.

Y curiosamente… su nombre se asocia con una palabra
que significa:

ocaso… puesta del sol.

Como si su historia nos susurrara algo que no podemos olvidar:

Incluso en el ocaso de la vida…
cuando parece que todo terminó…

la misericordia de Dios… todavía puede aparecer.

2 comentarios en “EL CRIMINAL QUE ENTRÓ PRIMERO AL PARAÍSO (capítulo: 3)”

  1. Alejandra Lama

    La misericordia y el amor del Padre no tiene límites, su amir profundo como el de una madre. Nos ama infinitamente y solo espera nuestro amor 💛

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Gracias, Alejandra.
      Ese amor infinito del Padre… no se entiende, se experimenta.
      Y lo más impresionante es que no se impone… se ofrece.
      Y espera… incluso cuando tardamos en responder.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio