DIOS… SOY YO OTRA VEZ
Volviendo a empezar.
Con las manos vacías, de rodillas, con la cara sucia y el corazón cansado.
Soy yo otra vez, Señor, necesitando de Ti.
Después de haber pensado que podía solo. Después de haber tomado mis propios caminos. Después de haberme alejado aun sabiendo dónde podía encontrarte.
Aquí estoy.
Otra vez.
No vengo a prometerte que nunca volveré a caer. Ya te he hecho demasiadas promesas que no pude cumplir.
Hoy simplemente vengo a decirte:
te necesito.
Porque cada vez que me alejo de Ti, me pierdo.
Al principio casi nunca lo noto. Sigo caminando, trabajando, sonriendo, diciendo que estoy bien.
Pero poco a poco algo dentro de mí comienza a apagarse.
Pierdo la paz.
Pierdo el rumbo.
Y termino buscando en otros lugares aquello que solamente encontraba cuando estaba cerca de Ti.
Por eso hoy no vengo a pedirte explicaciones.
Vengo a pedirte luz.
Dame luz para ver lo que no quiero mirar. Humildad para reconocer lo que debo cambiar. Fuerza para soltar aquello que me aleja de Ti.
Y cuando vuelva a creer que puedo hacerlo todo solo, recuérdame este momento:
mis rodillas en el suelo,
mis manos vacías,
mi cara sucia
y mi corazón diciéndote:
«Dios… soy yo otra vez.»
Hijo… Yo sigo aquí:
Cuando sientas que nadie te comprende, recuerda que Yo conozco tu corazón.
Conozco lo que dices y también aquello que nunca has podido explicar.
Cuando el mundo te cierre una puerta, no olvides que Yo sigo abriendo caminos.
Quizá no sean los caminos que imaginabas. Quizá algunas veces tendrás que caminar sin entender hacia dónde te llevo.
Pero confía.
Cuando vuelvas a caer, no huyas de Mí.
No esperes a estar limpio para regresar.
No tengas vergüenza de volver con las mismas heridas, las mismas dudas, incluso con los mismos errores.
Nunca te pedí que llegaras perfecto.
Solo que regresaras.
Cuando tus manos vuelvan a quedarse vacías, ponlas en las mías.
Cuando no tengas fuerzas para caminar, déjame caminar contigo.
Cuando no encuentres palabras para rezar, quédate simplemente a mi lado.
También entiendo tus silencios.
Y cuando pienses que te has alejado demasiado, recuerda:
tú puedes cansarte de regresar.
Pero Yo nunca me cansaré de esperarte.
Así que levántate.
Límpiate la cara.
Todavía tenemos camino por recorrer.
Y la próxima vez que vengas de rodillas, con las manos vacías, diciendo:
«Dios… soy yo otra vez»…
no tengas miedo.
Porque antes de que termines la frase,
…. Yo ya sabré que eres tú.
Antoine Abraham P.
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Gracias
Gracias a ti, Patricia, por tomarte el tiempo de leerme. Un abrazo
Gracias por compartir esa oración de «Hijo pródigo» Me cae como anillo al dedo🙏
Gracias a ti, Ana María. Me alegra mucho saber que llegó justo en el momento indicado. A veces una oración encuentra palabras para aquello que nosotros llevamos dentro, pero no sabemos cómo expresar. Que Dios te acompañe y te fortalezca.