Antoine Abraham

Cuando la conciencia se equivoca

Puedes estar completamente seguro…
y completamente equivocado.

CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

Últimamente…
no dejo de escuchar una frase:

“Sigue tu conciencia.”

Y en principio suena correcto.

La conciencia es algo profundamente humano.
Es esa voz interior
que nos dice que algo está bien…
o que algo está mal.

Pero aquí aparece un problema
del que casi nadie habla.

Y justo ahí fue cuando me cayó el veinte:

la conciencia
también puede equivocarse.

Porque la conciencia no es una brújula
que siempre apunta automáticamente al norte.

La conciencia es más bien
como un juez interior.

Pero todo juez necesita algo
antes de poder juzgar:

conocer la verdad.

Si un juez decide
sin conocer los hechos…

puede cometer
una injusticia terrible.

Lo mismo ocurre con la conciencia.

La conciencia no crea la verdad.

La conciencia juzga
a partir de lo que cree que es verdad.

Y si lo que creemos es falso…

nuestras decisiones
también pueden serlo.

Por eso la historia está llena
de personas que hicieron cosas terribles…

convencidas
de que estaban haciendo lo correcto.

Personas que justificaron violencia.
Que defendieron injusticias.
Que destruyeron vidas…

pensando que actuaban
con buena conciencia.

El problema no era
que no tuvieran conciencia.

El problema era
que su conciencia
estaba mal formada.

Por eso la tradición filosófica
siempre insistió en algo muy importante:

La conciencia
no solo debe seguirse.

También
debe formarse.

Porque una conciencia sin verdad
puede convertirse en algo peligroso.

Puede justificar cualquier cosa.
Puede convertir el mal en bien.

Y entonces aparece
uno de los mayores engaños
de nuestro tiempo:

“Si yo lo siento así…
está bien.”

Pero la verdad
no depende de lo que sentimos.

El bien
no cambia
porque alguien lo interprete
de otra manera.

La conciencia
no es un creador de la verdad.

Es un testigo de la verdad.

Y cuando se separa de la verdad…

deja de iluminar.

Empieza a confundir.

Sabes…

desde la filosofía antigua
se entendió algo muy importante.

Las virtudes morales
son hábitos
que perfeccionan nuestras capacidades
para actuar bien.

Son como una especie
de entrenamiento del carácter.

Por eso los filósofos griegos
hablaban de cuatro virtudes principales…

llamadas cardinales…

como los puntos
que orientan una brújula.

Pero hay una
que dirige a todas las demás:

la prudencia.

Porque la prudencia
es la virtud que permite discernir
lo que realmente es bueno
en cada situación concreta.

Es la que ilumina
el juicio moral.

Es la que orienta correctamente
a la conciencia.

Sin prudencia…

incluso una buena intención
puede terminar
en un gran error.

Y por eso…

la conciencia no basta con tenerla.

Hay que formarla.

Porque al final…

toda decisión moral
revela quién eres.

La conciencia no crea la verdad… la descubre

– Antoine Abraham

P.D.

Un joven le dijo a su maestro:

Yo sigo siempre mi conciencia.

El maestro le preguntó:

¿Y quién formó tu conciencia?

El joven
se quedó en silencio.

El maestro entonces respondió:

Porque si un hombre
con un mapa equivocado…

camina
con mucha convicción…

no llegará más rápido a la verdad.

Solo se perderá
con más seguridad.

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

Libertad en oferta

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