ECOS QUE TRASCIENDEN
En alguna reflexión pasada hablamos de una palabra hebrea que escondía mucho más de lo que parecía:
Rúaj.
Descubrimos que podía significar viento, aliento y espíritu, y que al regresar al hebreo algunos textos que creíamos conocer comenzaban a escucharse de otra manera.
Hoy quiero hacer lo mismo con otra palabra.
Una que aparece cientos de veces en el Antiguo Testamento y que probablemente hemos leído toda nuestra vida sin detenernos demasiado en ella:
Néfesh.
Normalmente la encontramos traducida como: “alma”.
Y ahí comienza un poco las confusiones.
Porque cuando nosotros escuchamos “alma”, solemos imaginar inmediatamente algo invisible y espiritual que habita dentro del cuerpo.
Como si dentro de nosotros existiera una parte material y otra invisible.
Pero néfesh es una palabra muchísimo más amplia.
Puede hablar de la vida, de una persona, del ser viviente, de uno mismo, de nuestros deseos y necesidades.
Incluso, en algunos pasajes, puede referirse a la garganta, probablemente por su relación con respirar, comer y beber. Pero ése es solamente uno de sus usos.
Y aquí viene lo verdaderamente interesante.
Si Volvemos al principio de la Biblia.
En Génesis 2,7 leemos que Dios formó al hombre del polvo de la tierra, sopló en sus narices aliento de vida y entonces tenemos la traducción:
“el hombre se convirtió en un ser viviente”.
Pero en hebreo aparece una expresión extraordinaria: néfesh ḥayyáh.
Un néfesh viviente.
Fíjate en el detalle.
El relato no presenta simplemente a un cuerpo terminado al que Dios introduce después una pequeña realidad invisible llamada “alma”.
Dice que, al recibir el aliento de vida,
el hombre se convirtió en néfesh…… Apareció una persona viva
Y eso abre una ventana maravillosa al pensamiento bíblico.
Porque néfesh no habla solamente de algo que tenemos. En muchos textos puede hablar de lo que somos: la persona viva.
La persona que respira, siente, desea.
Que tiene hambre, miedo y ama.
Que sufre.
Que espera.
Por eso encontramos unas variedades todavía más sorprendentes.
En numerosos lugares de la Biblia, néfesh puede significar sencillamente:
“persona”.
No una parte de la persona.
La persona.
Y entonces algunas frases que hemos escuchado durante años adquieren otra profundidad.
Cuando los Salmos hablan de un néfesh que tiene sed de Dios, no necesariamente están describiendo solamente una parte espiritual del ser humano que desea acercarse a Él.
Es todo el ser humano quien tiene sed.
Cuando el salmista dice:
“Él restaura mi néfesh”,
podemos escuchar algo mucho más grande que:
“Dios arregla mi alma”.
Es casi:
Dios me devuelve la vida.
Dios me levanta.
Dios me restaura a mí.
Y esto me parece precioso.
Porque a veces hemos imaginado que Dios está especialmente interesado en nuestra “alma”, como si el resto de nosotros fuera solamente el envoltorio.
Pero la Biblia comienza contando otra historia.
Dios forma el polvo.
Dios sopla su aliento.
Y aparece un ser humano vivo.
Un néfesh.
Génesis presenta al hombre como un néfesh: un ser humano vivo en su totalidad. La teología católica, al preguntarse qué constituye a ese ser humano, afirma que es una unidad de cuerpo y alma, y que su alma es espiritual e inmortal.
El problema aparece cuando tomamos nuestra definición teológica actual de “alma” y la metemos automáticamente dentro de cada lugar donde encontramos la palabra hebrea néfesh.
NOTA HISTÓRICA
Siglos después ocurrió algo que terminaría influyendo enormemente en nuestra manera de leer esta palabra.
Cuando las Escrituras hebreas fueron traducidas al griego, en la versión conocida como la Septuaginta, néfesh fue traducida muchas veces mediante: psychḗ.
De ahí viene nuestra palabra “psique”.
Con el tiempo, el mundo bíblico dialogaría también con categorías filosóficas griegas que distinguían de otras maneras entre cuerpo y alma.
Por eso regresar al hebreo resulta tan interesante.
No porque nuestra palabra “alma” sea incorrecta.
Sino porque a veces es demasiado pequeña para contener todo lo que podía decir:
néfesh.
Quizá por eso hoy, miles de años después, esta antigua palabra todavía tiene algo que recordarnos.
No eres solamente pensamientos.
No eres solamente cuerpo.
No eres solamente emociones.
Y tampoco eres simplemente un alma encerrada temporalmente en un cuerpo que algún día desecharás.
Eres una persona entera: corporal y espiritual.
Eres una persona entera delante de Dios.
Y quizá ahí esté la parte más hermosa de néfesh:
Dios no quiere restaurar solamente una parte de ti.
Quiere restaurarte a ti.
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Nuevamente nos compartes la profundidad de las palabras que muchas veces creemos comprendidas, muchas gracias por ello, Dios nos hizo un gran regalo, crearnos a su imagen y semejanza y nos dio la vida misma.
Muchas gracias, María. Qué bonita manera de expresarlo. Quizá uno de los grandes regalos de volver a las palabras originales de la Biblia es descubrir que aquello que creíamos conocer todavía guarda una profundidad enorme. Y néfesh es una de esas palabras. Un abrazo y gracias por acompañarme en estas reflexiones.