Antoine Abraham

MAL’AJ MUCHO MÁS QUE UN ÁNGEL

ECOS QUE TRASCIENDEN

¿Cuántas veces hemos dicho:

“Señor, dame una señal para saber que estás ahí”.

Dame una señal de que voy por el camino correcto.

Una señal para saber qué decisión tomar.

Una señal de que todo estará bien.

Una señal de que me estás escuchando.

Una señal de que no estoy solo.

Y quizá, mientras esperamos que suceda algo extraordinario…

la señal ya llegó.

Solo que no llegó como esperábamos.

Hoy quiero detenerme en la siguiente palabra hebrea que aprendemos juntos en este recorrido.

Después de descubrir que Shemá es mucho más que escuchar, y que Rúaj es mucho más que espíritu (en capítulos pasados), llegamos a otra palabra que puede cambiar no solamente nuestra manera de leer la Biblia…

sino nuestra manera de mirar a quienes pasan por nuestra vida.

MAL’AJ

Normalmente la traducimos como: “ángel” o algo así como “ser espiritual con alas”

De hecho, en todas las pinturas o retratos los ángeles son muy similares ¿no?

Pero el verdadero significado de Mal’aj es:

Mensajero / representante.

Alguien enviado.

Un Mal’aj es cualquiera que es enviado con un mensaje, una orden o una misión específica de parte de un superior.

En el hebreo original, esta misma palabra puede utilizarse tanto para mensajeros celestiales como para mensajeros humanos.

Y aquí comienza algo precioso.

Porque cuando pensamos en un ángel, nuestra imaginación se llena inmediatamente de alas, túnicas blancas, halos y seres luminosos.

Pero la Biblia muchas veces nos presenta algo muy distinto.

Cuando Abraham recibió aquella misteriosa visita en Mamré, el relato comienza diciendo simplemente que levantó los ojos y vio «tres hombres.

Caminaron.

Se sentaron.

Comieron.

Conversaron.

Nada de alas.

Nada de halos.

Nada que le anunciara espectacularmente:

“Dios te está enviando algo”.

Y quizá por eso esta palabra me conmueve tanto.

Porque me obliga a preguntarme:

¿Y si algunas de las señales que le he pedido a Dios ya pasaron frente a mí… y no las reconocí?

Tal vez estaba esperando que Dios abriera el cielo…

cuando simplemente hizo sonar mi teléfono.

Tal vez esperaba una señal…

y llegó un amigo.

Tal vez pedí una respuesta…

y alguien pronunció, sin siquiera saberlo, exactamente las palabras que necesitaba escuchar.

Tal vez fue aquel médico que tuvo una paciencia especial conmigo.

Aquella maestra que creyó en mí.

Un desconocido que se detuvo cuando nadie más lo hizo.

La persona que llegó con comida y una sonrisa como postre.

Quien me ayudó cuando estaba desesperado.

Quien se sentó conmigo cuando todos los demás se habían ido.

Quien no pudo resolver mi problema…

pero decidió no dejarme atravesarlo solo.

Y entonces comprendo de otra manera aquella frase extraordinaria de Hebreos:

«No se olviden de la hospitalidad, porque gracias a ella algunos hospedaron ángeles sin saberlo».

Quizá esas sean de las palabras que más me conmueven.

Porque significan que puedes tener delante un Mal’aj

y no darte cuenta.

Pero últimamente pienso que esta frase también puede leerse desde el otro lado. Ya saben que me gusta siempre ponerme desde distintos ángulos de la historia.

Porque quizá no solamente hemos encontrado ángeles sin saberlo.

Tal vez… solamente tal vez…. también hemos sido el Mal’aj de alguien sin darnos cuenta

Quizá aquella llamada que para ti no significó gran cosa, llegó la noche exacta en que alguien estaba a punto de rendirse.

Quizá aquella visita que hiciste sin pensarlo demasiado evitó que alguien pasara solo uno de los días más difíciles de su vida.

Quizá una palabra que dijiste hace veinte años todavía vive en el corazón de una persona.

Quizá alguien alguna vez levantó los ojos al cielo y pidió:

«Señor, dame una señal».

Y la respuesta…

fuiste tú.

Y nunca lo supiste.

Eso cambia algo dentro de mí.

Porque entonces ya no quiero pasar por la vida buscando solamente ángeles.

Quiero aprender también a estar disponible para ser enviado.

A llamar cuando siento que debo llamar.

A acercarme.

A escuchar.

A tocar una puerta.

A mandar ese mensaje que llevo varios días pensando en mandar.

A decir simplemente:

«Aquí estoy».

Porque quizá Dios no siempre responde nuestras oraciones haciendo bajar algo del cielo.

A veces responde poniendo a alguien en nuestro camino.

Y otras veces hace algo todavía más hermoso:

nos pone a nosotros en el camino de alguien más.

Así que la próxima vez que diga:

«Señor, dame una señal»…

tal vez también debería añadir:

«Y dame ojos para reconocerla, aunque no venga como yo esperaba».

Y quizá una oración más:

«Señor, si hoy alguien está pidiendo una señal… y quieres utilizarme a mí para responderle, no permitas que pase de largo».

Porque quizá los ángeles no siempre bajan del cielo.

A veces…

Dios simplemente los pone a caminar a nuestro lado.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
— Antoine Abraham

P.D. EL MENSAJERO

Hay algo hermoso en ser Mal’aj:

el mensajero no siempre sabe lo que lleva.

Quizá llamaste a alguien porque simplemente te acordaste de él.

Quizá dijiste una frase que para ti no tenía importancia.

Quizá abrazaste, escuchaste o simplemente te quedaste.

Tú no sabías qué había pedido esa persona la noche anterior.

No sabías cuánto necesitaba aquello.

Quizá ni siquiera sabías que estabas llevando un mensaje

Porque tú eras solamente el mensajero.

Y quizá, mientras alguien decía:

«Señor, dame una señal»…

Dios ya te estaba enviando a ti.

Sin que ninguno de los dos lo supiera.

……. dedicado a mi Mal’aj de hoy

 

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2 comentarios en “MAL’AJ MUCHO MÁS QUE UN ÁNGEL”

  1. Maria Heli Leal

    me encantó y me quedo con esto….el mensajero no siempre sabe lo que lleva…. Esto me hace estar más perceptiva de todas las señales que pueden parecer simples o pequeños pero ahí están!

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, María Heli. Me encantó cómo lo expresaste: estar más perceptivos. Quizá muchas veces esperamos grandes señales y, mientras tanto, dejamos pasar las pequeñas. Y quién sabe… tal vez algún “mensajero” ya pasó hoy junto a nosotros y ni siquiera nos dimos cuenta. Un abrazo y gracias por leerme.

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