Antoine Abraham

El hombre que caminó sobre lo imposible

ECOS QUE TRASCIENDEN

Aquella noche había doce discípulos en la barca…

pero solo uno caminó sobre el agua.

El Evangelio de san Mateo (14, 22-33) nos lleva a una de las escenas más impresionantes de la vida de Jesús: una barca en medio del lago, golpeada por las olas, los discípulos luchando contra el viento… y Jesús acercándose a ellos caminando sobre el agua.

Pero hay un detalle en esta historia de Pedro que casi siempre olvidamos.

Todos recordamos lo mismo: Pedro comenzó a hundirse.

Pero quizá antes de hablar de su caída deberíamos recordar algo mucho más importante:

Pedro fue el único que se atrevió a salir de la barca.

Mientras los demás permanecían dentro, mirando la tormenta, sintiendo el viento y aferrándose a la madera, Pedro hizo algo extraordinario.

Miró a Jesús y dijo:

“Señor, si eres tú, mándame ir a ti sobre las aguas”.

Y Jesús respondió con una sola palabra:

“Ven”.

Entonces Pedro puso un pie fuera de la barca.

Después el otro.

Y durante unos instantes…

un hombre caminó sobre lo imposible.

Sí, después tuvo miedo.

Sí, después dudó.

Sí, después comenzó a hundirse.

Pero todo eso ocurrió después de haberse atrevido a hacer lo que nadie más hizo.

A veces contamos mal esta historia.

Nos concentramos tanto en su caída que olvidamos su valentía.

Recordamos su duda, pero pasamos por alto la fe que necesitó para poner el primer pie sobre el agua.

Porque Pedro cayó, sí…

pero cayó en un lugar al que solo había llegado porque se atrevió a confiar.

Y quizá por eso esta historia se parece tanto a nuestra vida.

Hay momentos en los que estás haciendo lo correcto… y aun así sientes que te hundes.

Estás intentando vivir con fe.

Estás perdonando.

Estás comenzando de nuevo.

Estás caminando hacia aquello que alguna vez sentiste que Dios te pedía.

Pero entonces sopla el viento.

Llegan los problemas.

Las cosas no salen como esperabas.

Y aparece esa voz interior que susurra:

“¿Ves? No debiste intentarlo”.

Pero hay algo diferente en este el Evangelio.

Jesús nunca le preguntó a Pedro:

“¿Por qué saliste de la barca?”

Le preguntó:

“¿Por qué dudaste?”

El problema nunca fue haber salido.

El problema fue que, por un instante, Pedro dejó de mirar a quien lo había llamado y comenzó a mirar aquello que podía hundirlo.

Y eso también nos pasa.

Miramos la tormenta.

Miramos nuestras fuerzas.

Miramos nuestras heridas.

Miramos todo lo que puede salir mal…

y olvidamos quién nos dijo:

“Ven”.

Tal vez hoy tú también estás fuera de la barca.

Tal vez decidiste perdonar cuando dolía.

Seguir creyendo cuando parecía absurdo.

Comenzar de nuevo cuando todos pensaban que era demasiado tarde.

Hacer lo correcto aunque nadie más lo hiciera.

Y quizá ahora sientes que te hundes.

Entonces recuerda algo:

la misma mano que llamó a Pedro fuera de la barca fue la mano que se extendió cuando comenzó a hundirse.

Jesús no retiró su mano porque Pedro dudara.

No le dijo: “Te lo advertí”.

Simplemente lo sostuvo.

Porque nuestra fe puede tambalearse…

pero su mano no.

Quizá la grandeza de Pedro aquella noche no estuvo en no hundirse.

Estuvo en haber descubierto que incluso cuando sus fuerzas dejaron de sostenerlo…

Cristo todavía podía hacerlo.

Por eso, si alguna vez vas a equivocarte, que sea caminando hacia Él.

Si alguna vez vas a tener miedo, que te encuentre fuera de la barca.

Y si alguna vez comienzas a hundirte…

recuerda que debajo de tus miedos, de tus dudas y de todas tus tormentas,

todavía hay una mano extendida.

“Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad”.
— Antoine Abraham

NOTA HISTÓRICA:
Mateo dice que Jesús llegó durante la cuarta vigilia de la noche. Según la división romana del tiempo, esto correspondía aproximadamente entre las 3:00 y las 6:00 de la mañana.

Los discípulos llevaban horas luchando contra el viento.

A veces Dios no llega cuando comienza la tormenta… sino cuando creemos que ya no podemos remar más.

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4 comentarios en “El hombre que caminó sobre lo imposible”

  1. Gracias por ayudarnos a reflexionar con mayor detenimiento este Evangelio, es muy cierto que normalmente nos quedamos con la parte cuando Pedro se hunde pero lo que nos compartes nos ayuda a verlo más allá y a llevarlo a nuestra realidad. Muchas gracias

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias por tus palabras. Justamente esa es la intención de estas pequeñas reflexiones: detenernos en detalles del Evangelio que quizá hemos leído muchas veces, pero que todavía tienen algo nuevo que decirnos cuando los llevamos a nuestra propia vida.

  2. Maria Nuñez Grajales

    Muchas gracias por compartir. Durante todos estos días el evangelio nos hace una invitación a pedirle al Señor que aumente nuestra Fe, incluso en los momento difíciles, cuando sentimos que no somos escuchados o que no somos vistos pro Nuestro Señor. El con su divina Misericordia nos extiende la mano para que la tomemos agradecidos, así como lo hizo Pedro, en los momentos de duda.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, María. 🙏 Y quizá ahí está una de las enseñanzas más hermosas de Pedro: aun cuando nuestra fe vacila y comenzamos a hundirnos, podemos extender la mano con la certeza de que la de Jesús ya está extendida hacia nosotros.

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