CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad
Con forme maduro, siempre vienen los miedos, no sé si les pasa…
¿Y si mañana pierdo mi trabajo? o si un día la enfermedad me impidiera producir…
¿dejaría yo de ser importante?
Cuando el tiempo borre mi fuerza y mi memoria…
¿seguiré teniendo el mismo valor?
La mayoría pensaríamos por inercia que sí.
Pero, curiosamente, vivimos como si la respuesta fuera otra.
Vivimos en una cultura que mide a las personas por lo que producen.
Por lo que ganan, por lo que poseen, por el éxito que alcanzamos, por la influencia que tenemos.
Y, poco a poco, comenzamos a creer que nosotros también valemos en la misma medida.
Entonces dejamos de decir:
«Tengo un trabajo.»
Y empezamos a pensar:
«Soy mi trabajo.»
Dejamos de decir:
«Tengo dinero.»
Y empezamos a creer:
«Valgo por el dinero que tengo.» (¿les suena la frase “es que es de buena familia”?)
Dejamos de decir:
«Tengo éxito.»
Y terminamos convencidos de que, si un día lo perdemos…
nos perdemos a nosotros mismos.
Ahí aparece uno de los errores más profundos de nuestro tiempo.
Confundir el tener con el ser.
La filosofía clásica distingue con claridad ambas realidades.
Podemos tener muchas cosas.
Salud.
Belleza.
Inteligencia.
Prestigio.
Riqueza.
Incluso podemos tener poder….mucho poder
Pero ninguna de esas cosas responde a la pregunta más importante.
¿Quién eres?
Porque todo eso puede desaparecer.
Y, sin embargo…
tú permaneces.
El problema es que, cuando confundimos el tener con el ser, inevitablemente terminamos confundiendo el valor con la utilidad.
Entonces comenzamos a pensar que quien produce más…
vale más.
Que quien gana más…
vale más.
Que quien ya no puede trabajar…
vale menos.
Y sin darnos cuenta construimos una sociedad donde las personas empiezan a sentirse descartables cuando dejan de ser útiles.
Quizá por eso tantos adultos mayores sienten que se han convertido en una carga.
Quizá por eso quien pierde su empleo siente que perdió también su dignidad.
Quizá por eso una persona enferma llega a preguntarse si todavía tiene sentido su vida.
Pero la ontología nos recuerda algo que cambia por completo nuestra manera de mirar al ser humano.
El valor de una persona nunca ha dependido de aquello que puede hacer.
Depende de aquello que es.
Antes de producir…
eres.
Antes de tener éxito…
eres.
Antes de que alguien reconociera tus capacidades…
ya eras alguien.
Y seguirás siéndolo cuando el tiempo se lleve aquello que hoy consideras más valioso.
Porque la dignidad no se gana.
No se compra.
No se pierde.
No aumenta con los logros.
Ni disminuye con las derrotas.
La dignidad pertenece al ser….. No al rendimiento.
Tal vez por eso la pregunta más importante no sea cuánto tienes.
Ni cuánto produces.
Ni cuánto has conseguido.
La verdadera pregunta es otra.
¿Qué queda de ti cuando todo aquello que tienes deja de estar?
Porque, si la respuesta es «nada»…
entonces nunca construiste tu vida sobre el ser.
La construiste sobre aquello que podía desaparecer.
Y todo lo que puede desaparecer…
nunca podrá sostener tu identidad.
La conciencia no crea la verdad… la descubre.
— Antoine Abraham
PD: El día que naciste no habías logrado absolutamente nada. No tenías dinero, títulos, éxito ni prestigio. Y, sin embargo, nadie dudaba de que tu vida tenía un valor inmenso. Tal vez el mayor error de nuestra vida sea pasar los años intentando demostrar un valor… que nunca necesitó ser demostrado.



