Antoine Abraham

La ley no salva, la Fe sí

ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay frases del Evangelio que todos conocemos, pero a veces las entendemos de una manera muy distinta a como las escucharon quienes estaban delante de Jesús.

Una de ellas es esta:

«Mi yugo es suave y mi carga ligera.» (Mt 11, 25-30)

Hoy, cuando escuchamos la palabra yugo, pensamos en un peso.

En una carga.

En algo que limita la libertad.

Pero para un judío del siglo I esa palabra tenía un significado mucho más profundo.

Los rabinos hablaban del «yugo de la Ley».

Era una expresión muy conocida para describir el compromiso de vivir según la voluntad de Dios.

El problema no era la Ley dada por Dios.

El problema era que, con el paso del tiempo, se habían acumulado tantas interpretaciones y obligaciones humanas que la vida religiosa terminó convirtiéndose en una carga difícil de soportar.

Aún hoy muchos piensan que seguir este camino es de cierta manera pesado y cuesta arriba, cierto?

Por eso Jesús pronuncia unas palabras sorprendentes.

No dice:

«Vivan sin yugo.»

Dice:

«Tomen mi yugo.»

No elimina el compromiso… Lo transforma.

Y san Pablo, algunos años después, explicará el porqué.

El hombre no se salva por el simple cumplimiento de la Ley, sino por la fe en Jesucristo.

Porque Dios no vino únicamente a enseñarnos normas.

Vino a sanar el corazón. (la ley no sana el corazón, la Fe sí)

Y cuando el corazón cambia, también cambia la manera de vivir.

La obediencia deja de ser una obligación pesada…

y se convierte en una respuesta de amor.

Por eso Jesús añade algo que revela el centro del Evangelio:

«Aprendan de mí, que soy manso y humilde de corazón.»

No dice:

Aprendan mis estrategias.

Aprendan mis discursos.

Aprendan mi poder.

Dice:

Aprendan de mi corazón.

Porque el cristianismo no comienza con un código de reglas.

Comienza con un encuentro que transforma a la persona desde dentro.

Entonces entendemos por qué su yugo es ligero.

No porque seguir a Cristo sea fácil.

Sino porque el amor siempre pesa menos que la obligación.

Cuando uno ama, incluso el sacrificio adquiere un sentido distinto.

Quizá por eso tantos santos hicieron cosas humanamente imposibles… y nunca las describieron como una carga.

Las vivieron como una respuesta de amor.

Tal vez hoy muchos vivimos cansados no porque Dios nos pida demasiado…

sino porque cargamos yugos que Él nunca nos puso.

El del orgullo.

El de querer controlar todo.

El de vivir buscando la aprobación de los demás.

El de cargar solos con problemas que hace tiempo deberíamos haber puesto en sus manos.

Jesús no promete una vida sin dificultades.

Promete algo mucho más grande.

Caminar con nosotros.

Y cuando el peso se comparte con Él…

hasta la cruz deja de ser solamente una carga…

para convertirse en camino hacia la vida.

Porque lo que ocurrió hace siglos… sigue teniendo eco en la eternidad.

Antoine Abraham

Nota histórica. El yugo era una pieza de madera colocada sobre el cuello de dos bueyes para que caminaran juntos y compartieran el peso del trabajo. En el judaísmo del siglo I, los rabinos adoptaron esta imagen para hablar del «yugo de la Ley», es decir, del compromiso de vivir según la voluntad de Dios. Cuando Jesús invita a tomar su yugo, utiliza una expresión que todos sus oyentes conocían, pero le da un significado completamente nuevo.

 

8 comentarios en “La ley no salva, la Fe sí”

  1. Gracias Antoine por la reflexión, desde el amor, cualquiera que este sea, de padre, madre, hijo, hermano, amigo; todo adquiere un sentido distinto, me hizo preguntarme ¿qué considero una carga hoy, qué me pesa, qué me cuesta? Y por tanto identificar en dónde poner más amor.

    Dios te bendice y multiplique tu talento para hacernos reflexionar y actuar 🙌🏼🙏🏼

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Florangely. Me emocionó mucho leerte. Creo que esa es precisamente la invitación del Evangelio: descubrir que muchas de las cargas que llevamos no desaparecen cambiando las circunstancias, sino aprendiendo a cargar con ellas desde el amor. Me alegra saber que la reflexión te llevó a hacerte esas preguntas. Que Dios siga guiando tu corazón y gracias por tus palabras y tu oración.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Celina. Me alegra saber que la reflexión resonó en tu corazón. Dios quiera que estas pequeñas semillas nos ayuden a vivir una fe cada vez más auténtica

  2. Aquiles Sanchez Peniche

    Excelente texto, me gustó mucho, principalmente con la fe que sana el corazón, muchas gracias Antoine, saludos

  3. Ana Maria Diez Lozano

    Muchas gracias Antoine. Me queda mucho más clara la idea del yugo en aquel tiempo y la propuesta de Jesús para que lo sigamos en nuestros agobios.
    Dios te bendiga 🙏

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Ana María. Me alegra mucho saber que la explicación del yugo te ayudó a comprender mejor la invitación de Jesús. Qué hermoso descubrir que Él no nos promete una vida sin cargas, sino caminar con nosotros para que podamos llevarlas de una manera nueva

      1. Antoine Abraham Pompeyo

        Muchas gracias, Aquiles. Me alegra saber que la reflexión te fue de utilidad. Creo que esa es una de las grandes enseñanzas del Evangelio: no es el simple cumplimiento de una ley lo que transforma al hombre, sino una fe viva que sana el corazón y nos mueve a amar.

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