“SI EL SER HUMANO NO TIENE NATURALEZA… ENTONCES TAMPOCO TIENE FINALIDAD”
SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad
¿El ser humano puede definirse completamente a sí mismo?
Para esto, tendríamos que aceptar…
Que no existe una naturaleza.
Que no hay una esencia.
Que cada quien decide lo que quiere ser.
Y al inicio…
suena liberador.
Pero si lo piensas con calma,
aparece un problema enorme.
Porque si el ser humano no tiene naturaleza…
entonces tampoco tiene dirección.
Y si no tiene dirección…
entonces tampoco existe un “bien humano”.
Solo preferencias.
Solo impulsos.
Solo gustos.
Solo deseos momentáneos.
Pero la ontología clásica entendía algo muy distinto:
todo ser tiene una naturaleza.
¿Y qué significa eso?
Que cada ser posee una esencia,
algo que lo hace ser lo que es
y no otra cosa.
Y de esa esencia nace una manera propia de actuar.
A eso se le llama naturaleza.
La naturaleza no es solamente “cómo eres”.
Es hacia dónde tiendes según lo que eres.
Por ejemplo:
la semilla tiende a crecer.
El fuego tiende a expandirse.
La inteligencia tiende a conocer.
No porque alguien lo imponga desde fuera…
sino porque así está constituido su ser.
Por eso, en el caso del ser humano,
su naturaleza está unida a su esencia:
ser un animal racional.
Es decir,
un ser capaz de conocer la verdad,
de elegir,
de amar,
de razonar,
de buscar sentido
y de orientar libremente su vida hacia el bien.
Por eso la naturaleza humana no es una prisión.
Es orientación.
Es dinamismo.
Es movimiento hacia aquello que perfecciona a la persona.
Los griegos llamaban a esto telos:
la finalidad propia de algo.
Aquello para lo cual está hecho.
Por lo que si no existe una finalidad humana…
¿entonces con qué criterio decidimos qué nos perfecciona y qué nos destruye?
Porque hoy hablamos mucho de derechos,
de dignidad,
de justicia,
de respeto.
Pero casi nunca hacemos la pregunta más importante:
¿por qué el ser humano tiene dignidad?
Porque si no existe una naturaleza humana objetiva…
entonces tampoco existe algo objetivamente bueno para el ser humano.
Y si eso desaparece…
todo termina dependiendo del deseo.
Del momento.
De la emoción.
De la utilidad.
Pero el deseo cambia.
La emoción cambia.
La moda cambia.
La verdad no.
Por eso hay decisiones que pueden sentirse bien…
y aun así destruir lentamente a una persona.
Porque no todo lo que deseas
te perfecciona.
Y no todo límite es opresión.
A veces el límite es precisamente lo que protege aquello que eres.
Tal vez por eso una de las mayores crisis modernas no es económica.
Ni política.
Es ontológica.
El ser humano ya no sabe qué es.
Y cuando alguien deja de entender lo que es…
también deja de entender hacia dónde debe ir.
“La conciencia no crea la verdad… la descubre.”
— Antoine Abraham
P.D.
Aristóteles decía que no podemos entender algo solamente preguntando “de qué está hecho”.
También hay que preguntar:
“¿para qué existe?”
A eso lo llamó causa final.
Durante siglos, esta idea fue central en la filosofía:
las cosas no solo existen…
tienden hacia algo.
Curiosamente, incluso hoy seguimos hablando así sin notarlo.
Decimos:
“eso no sirve para nada”
“esa vida perdió dirección”
“esa decisión lo destruyó”
Porque en el fondo,
seguimos entendiendo que hay formas de vivir que perfeccionan al ser humano…
y otras que lo alejan de lo que está llamado a ser.
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):



