Antoine Abraham

San Lorenzo y los tesoros de la Iglesia

HISTORIAS QUE INSPIRAN

 

La tradición cuenta que, durante una persecución en Roma, las autoridades exigieron a San Lorenzo entregar los tesoros de la Iglesia.

Lorenzo era diácono. Entre sus tareas estaba ayudar a cuidar los bienes de la comunidad, pero también atender a los pobres, a los enfermos, a las viudas y a quienes no tenían quién viera por ellos.

Cuando le pidieron los tesoros, pidió un poco de tiempo para reunirlos.

Quienes lo escucharon seguramente pensaron en objetos de valor: monedas, cálices, oro, plata, bienes escondidos. Eso era lo que el poder esperaba encontrar. Algo que pudiera contarse, pesarse y confiscarse.

Pero Lorenzo reunió a los pobres, a los enfermos, a los olvidados y a los necesitados.

Luego los presentó ante las autoridades y dijo: “Estos son los tesoros de la Iglesia.”

La frase podía parecer una provocación, pero no era solo eso. Era una manera distinta de mirar el valor de las cosas.

Para el Imperio, el tesoro estaba en lo que daba poder. Para Lorenzo, estaba en las personas que casi nadie quería mirar.

Una persona revela mucho de sí misma por aquello que llama “tesoro”.

Si nuestro tesoro es el dinero, terminaremos usando personas para protegerlo.
Si nuestro tesoro es la imagen, sacrificaremos la verdad para no quedar mal.
Si nuestro tesoro es el poder, veremos al débil como estorbo.
Si nuestro tesoro es la comodidad, evitaremos cualquier amor que nos exija demasiado.

Por eso la historia de San Lorenzo no habla solo de pobreza o caridad. Habla de lo que consideramos verdaderamente importante.

Porque al final la vida siempre termina revelando nuestras prioridades. Podemos decir que lo más importante son las personas, la fe, el amor, la familia o el bien que hacemos; pero basta mirar qué protegemos con más fuerza, qué defendemos con más miedo y qué nos cuesta más soltar.

Ahí aparece nuestro verdadero tesoro.

San Lorenzo no señaló lo más brillante, sino lo más importante. Y quizá esa sea una buena forma de examinarnos: preguntarnos si estamos viviendo para cuidar lo que realmente vale, o si estamos gastando la vida protegiendo cosas que un día no podremos llevarnos.

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