Antoine Abraham

Rúaj, mucho más que Espíritu

ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay palabras que podemos traducir correctamente… y aun así perder una parte de lo que significaban.

Hace poco comenzamos este pequeño recorrido por algunas palabras del hebreo bíblico cuyo significado es tan rico que nuestro español necesita varias palabras para intentar expresarlo.

Hoy quiero enseñarte otra.

Y esta me parece extraordinaria.

 Rúaj.

Normalmente la encontramos traducida como “espíritu”.

Pero rúaj puede significar también viento, soplo o aliento.

Y aquí comienza algo fascinante.

Porque piensa por un momento en el viento.

No puedes verlo.

No puedes agarrarlo con las manos.

Pero sabes perfectamente cuándo está presente porque ves lo que provoca: las ramas se mueven, las hojas vuelan, el mar cambia.

Con el aliento sucede algo parecido.

No solemos prestarle atención, pero mientras hay aliento… hay vida.

Y el hebreo utiliza rúaj para hablar de realidades que nosotros hemos terminado expresando con palabras diferentes.

Por eso hay pasajes de la Biblia que adquieren una profundidad especial cuando conocemos esta palabra.

El primero aparece prácticamente al comenzar la Escritura.

Génesis 1,2 dice:

“El espíritu de Dios se cernía sobre la superficie de las aguas.”

En hebreo encontramos:

Rúaj Elohim…. (¿recuerdan que quería decir Elohim?, está unas cápsulas mas atrás en los nombres de Dios)

Podemos traducirlo como “Espíritu de Dios”, pero la riqueza de rúaj permite escuchar detrás de esas palabras también la imagen del viento, el soplo.

Antes de que aparezca la luz, la tierra y antes de que comience la vida tal como la conocemos…

El Rúaj de Dios ya estaba allí.

Y volvemos a encontrar esa imagen en una de las escenas más impresionantes del Antiguo Testamento.

En Ezequiel 37, el profeta contempla un valle lleno de huesos secos.

Todo parece muerto.

Sin posibilidad alguna de regresar.

Entonces Dios ordena al profeta llamar a la rúaj.

Y ocurre algo extraordinario:

los huesos se unen, aparecen tendones, carne y piel…

pero todavía no tienen vida.

Hasta que llega el aliento.

“Entró en ellos el espíritu, revivieron y se incorporaron sobre sus pies.”
(Ez 37,10)

El mismo término permite que la escena juegue continuamente con viento, aliento y espíritu.

Y entonces comprendí por qué esta palabra me parece tan hermosa.

Hay momentos en nuestra vida en los que también nosotros nos sentimos como aquellos huesos.

Secos.

Cansados.

Sin fuerzas.

Hay matrimonios que parecen haber perdido el aliento.

Personas que continúan caminando, trabajando y sonriendo… pero sienten que algo dentro de ellas se ha apagado.

Pero la Biblia comienza con una Rúaj moviéndose sobre el caos…

y después nos muestra esa misma imagen entrando donde parecía no quedar vida.

Tal vez por eso necesitamos recordar algo:

Dios no siempre elimina inmediatamente el caos. A veces comienza soplando sobre él.

No puedes ver el viento.

Pero puedes ver lo que mueve.

No puedes sostener el aliento entre las manos.

Pero sabes que mientras exista… todavía hay vida.

Y quizá con Dios sucede algo parecido.

No siempre puedes verlo.

No siempre puedes comprender lo que está haciendo.

Incluso puede haber momentos en los que pienses que permanece completamente en silencio.

Pero entonces algo comienza a moverse.

Una puerta se abre.

Una persona regresa.

Encuentras fuerzas donde estabas convencido de que ya no quedaban.

Y descubres que aquello que parecía muerto…

todavía podía volver a respirar.

Quizá hoy estás atravesando uno de esos valles de huesos secos.

Si es así, no olvides esta antigua palabra hebrea:

Rúaj.

Viento.

Aliento.

Espíritu.

Porque hay cosas que no necesitamos ver para saber que están presentes.

A veces basta con observar lo que comienzan a mover.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

— Antoine Abraham

P.D. Hay un detalle precioso que siglos después vuelve a aparecer en el Evangelio. Después de resucitar, Jesús se presenta ante sus discípulos y, según san Juan, “sopló sobre ellos” y les dijo: “Reciban el Espíritu Santo” (Jn 20,22).

Juan escribió su Evangelio en griego y utiliza aquí el verbo emphysáō, “soplar”. La escena inevitablemente evoca el lenguaje bíblico de Dios comunicando vida mediante su soplo (Rúaj).

Desde las primeras páginas de la Biblia hasta Cristo resucitado aparece una imagen que atraviesa toda la Escritura:

el soplo de Dios está unido a la vida.

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4 comentarios en “Rúaj, mucho más que Espíritu”

  1. Gracias Antoine Abraham por esta cápsulas que nos enseñan tanto, que nos alimentan espiritualmente. Me gustan mucho. Bendiciones

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Ma Eugenia. Me alegra muchísimo saber que estas cápsulas no solo comparten un poco de historia, sino que también ayudan a alimentar la fe. Gracias por leerlas y acompañarme en este camino.

  2. Monica Conde Gamboa

    Así es, aveces se nos olvida q no necesitamos ver para saber q ahí está el Espíritu de Dios siempre presente

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Así es, Mónica. Quizá una de las cosas más difíciles es aprender a reconocer su presencia precisamente cuando no hay nada extraordinario que ver o sentir. El Rúaj no siempre se manifiesta en lo espectacular; muchas veces está en ese aliento silencioso que nos sostiene sin que siquiera seamos conscientes de ello. Gracias por leer y compartir.

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