Antoine Abraham

LAS 7 PALABRAS Y LAS 7 HERIDAS QUE CRISTO SANA

“Dios no quitó el dolor… lo redimió.”

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN

No eran palabras dichas desde un púlpito.
No eran frases pensadas con calma.

Eran palabras pronunciadas…
mientras el cuerpo se rompía.

En la cruz… hablar costaba aire.
Y respirar… costaba dolor.

Cada palabra de Jesús…
no fue solo un mensaje.

Fue una herida abierta…
convertida en salvación.

La primera palabra:

“Padre, perdónalos.”

No la dijo desde la tranquilidad.
La dijo mientras lo estaban clavando.

Cristo entra en la herida del odio.

El mundo responde al mal con más mal.
La cruz responde… con perdón.

La segunda palabra:

“Hoy estarás conmigo en el Paraíso.”

A su lado… un criminal.
Un hombre que había arruinado su vida.

Y aun así… en el último instante…
una puerta se abrió.

Cristo sana la herida de la desesperación.

Nunca es demasiado tarde…
para volver.

La tercera palabra:

“Ahí tienes a tu madre.”

Debajo de la cruz… una mujer no podía hacer nada…
más que ver morir a su hijo.

Y en ese momento…
Jesús no piensa en sí mismo.

Piensa en dejar a alguien…
para que nadie se quede solo.

Cristo sana la herida de la soledad.

Ahí… nace una familia nueva.

La cuarta palabra:

“Dios mío… ¿por qué me has abandonado?”

No es teatro.
No es una frase simbólica.

Es el peso real…
del abandono…
del silencio…
del dolor que no se entiende.

Cristo no evita el sufrimiento humano.

Se mete dentro de él.

Cristo entra en la herida del dolor.

Ahora… ya no hay sufrimiento
donde Dios no haya estado.

La quinta palabra:

“Tengo sed.”

No es solo sed física.

Es la sed de sentido.
La sed de amor.
La sed de algo que el mundo no llena.

Cristo toca la herida del vacío interior.

Porque el ser humano puede tenerlo todo…
y seguir teniendo sed.

La sexta palabra:

“Consumado es.”

Todo parecía perdido.

Un cuerpo destrozado.
Un silencio en el cielo.
Una cruz levantada como derrota.

Pero ahí… justo ahí…

no estaba el final.

Cristo sana la herida del fracaso.

Lo que parecía derrota…
era redención.

La séptima palabra:

“Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu.”

Ya no hay gritos.

Solo entrega.

Cristo sana la herida más profunda de todas:

el miedo a la muerte.

Porque la última palabra…
no es angustia.

Es confianza.

Las siete palabras no son solo historia.

Son diagnóstico…
y medicina.

Perdón… para el odio.
Misericordia… para la desesperación.
Presencia… para la soledad.
Sentido… para el dolor.
Agua viva… para el vacío.
Redención… para el fracaso.
Confianza… para la muerte.

La cruz no solo muestra lo que Cristo sufrió.

Muestra… lo que nosotros llevamos dentro.

Y por eso…

cada palabra sigue viva.

Porque no habla solo de Él.

Habla de ti. Habla de mi.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

— Antoine Abraham

P.D.

Un sacerdote que acompañaba a moribundos decía algo que nunca pudo olvidar:

“Hay dos tipos de silencio en una habitación donde alguien está muriendo.”

Uno… es el del miedo.
Pesado. Inquieto. Incompleto.

El otro… es distinto.

Es un silencio lleno de algo que no se ve…
pero se siente.

Y él lo describía así:

“Es el silencio de alguien… que ya no se resiste.”

Porque cuando el ser humano deja de huir…
y se abandona…

descubre que nunca estuvo solo….. nunca

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

LA ÚLTIMA PALABRA (capítulo 9)

2 comentarios en “LAS 7 PALABRAS Y LAS 7 HERIDAS QUE CRISTO SANA”

  1. Beatriz moises

    Muy buena reflexión Cristo nos salvó del pecado fue el hombre más valiente y bueno del toda la historia. No dejo de admirarlo y de amarlo.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Beatriz.

      Cristo no solo vino a salvarnos del pecado…
      vino a devolvernos al Padre.

      Y en eso está la grandeza de su amor:
      no solo nos perdona, nos restaura.

      Que ese asombro que sientes… nunca se apague.

Responder a Beatriz moises Cancelar respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio