Antoine Abraham

LA CRUZ QUE ERA PARA MI

“Había una cruz lista… y ya tenía nombre.”

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN:

Todos hemos leído en cualquiera de los 4 evangelios que soltaron a Barrabás.
Pero casi nunca nos detenemos a pensar quién era en realidad.

Barrabás no era inocente.
Era culpable.
Violento.
Rebelde.
Homicida (cf. Mc 15,7).

La cruz ya estaba lista para él.
Los clavos.
El látigo.
La muerte segura…

Y entonces… lo ponen frente a Jesucristo.

Un culpable…
y el único Inocente que ha pisado esta tierra.

El procurador romano, Poncio Pilato, pregunta:
“¿A cuál quieren que les suelte?” (cf. Mt 27,17)

El cielo guardó silencio.
La tierra tembló por dentro.

Y la multitud gritó: “¡A Barrabás!”

Y en ese instante ocurrió el intercambio más brutal de la historia:

La cruz que tenía el nombre de Barrabás… cambió de espalda.

El lugar donde Barrabás debía morir… lo ocupó el Santo.

La justicia que exigía sangre… la pagó el Justo.

Barrabás salió libre.
Sin disculparse.
Sin prometer cambiar.
Sin demostrar nada.

Simplemente… libre.

Y Jesús caminó lentamente hacia donde debía morir otro.

Sabes, me lo imagino saliendo de la cárcel. Con el sol en la cara.
Respiración entrecortada. Oyendo los golpes… los martillazos a lo lejos.

No lo sé…

Tal vez volteó.
O tal vez no.

Tal vez solo sonrió…
y echó a correr.

Pero ese día, Barrabás vio algo que muchos no ven:

Que alguien murió en su lugar.

Y ahí es donde la historia deja de ser antigua…
y se vuelve personal.

Porque Barrabás… es un espejo.

Eres tú. Soy yo.

Nosotros también somos los culpables.
Los que esperan la muerte.

También mentimos.
También herimos.
También fallamos.

Y aun así… Jesús tomó nuestra cruz.

Como anuncia el profeta Isaías:
“Mas él fue herido por nuestras rebeliones, molido por nuestras culpas…” (Is 53,5)

Eso significa que cada vez que ignoramos a nuestra familia…
que dejamos de orar…
cuando cambiamos la Iglesia por lugares equivocados…
cuando dejamos de abrazar a la esposa, al hijo o a mamá…

Él lo cargó.

Todo… lo llevó en esa cruz.

Y hoy el cielo vuelve a hacer la misma pregunta:

¿Vas a seguir caminando como Barrabás?
Libre… pero indiferente.
Salvado… pero frío.
Rescatado… pero sin mirar atrás.

¿O vas a detenerte… y mirar la cruz?

Porque lo más aterrador no es que Jesús muriera.

Lo más aterrador… es que puedas acostumbrarte a eso.

Porque el amor de Cristo no es una historia bonita.

Es un Inocente ensangrentado…
para que un culpable respire.

Es un Padre que ve al Hijo morir…
para que tú tengas vida.

Es gracia…
para quien no la merece.

No termines esta historia como Barrabás…
caminando lejos sin mirar atrás.

Detente.

Mira la cruz.

Escucha los martillazos.

Cada golpe…
decía tu nombre.

Y deja que ese amor te rompa…
antes de que la costumbre te endurezca.

“Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad”
– Antoine Abraham

6 comentarios en “LA CRUZ QUE ERA PARA MI”

  1. Celina Reyes Lopez

    Muchas gracias Antoine por esta excelente formación es muy enriquecedora e interesante y lo más importante es que siento que me acerca más a nuestro Señor
    Como te dije ayer, soy tu fan y me encanta todo lo que mandas 🙏🏻🩵 Celina Reyes

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Gracias, Celina. Me alegra mucho saber que te está acercando más a Dios… eso lo es todo. Seguimos caminando juntos

  2. Eugenia González

    Muy cierto esos pecados los cometo yo, esas indiferenciadas las hago yo, Él murió por mi, ¿qué voy a hacer ahora?, viviré de cara a Él, esperando merecer su amor y su perdón en cada momento de mi día a día.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Gracias, Eugenia. Esa conciencia ya es un paso enorme… vivir de cara a Él transforma todo. No para merecer su amor, sino porque ya lo tienes.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      תּוֹדָה (Todáh = gracias) Gilda, de corazón… saber que también tocó a tu hija lo hace aún más especial. Un abrazo grande

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