ECOS QUE TRASCIENDEN
Hay una frase de Jesús repite incasablemente en los Evangelios:
«No tengan miedo».
La repite una y otra vez.
Y no porque ignore los peligros.
La dice precisamente porque sabe que existen.
El Evangelio de Mateo 10, 26-33 fue pronunciado en un contexto muy particular.
Jesús acaba de enviar a los Doce Apóstoles a predicar.
Y les advierte que encontrarán rechazo, persecución y oposición.
No les promete comodidad.
No les promete éxito.
Les promete algo más importante:
que Dios no los abandonará.
Por eso les dice:
«No teman a los hombres».
Y aquí aparece una algo que muchas veces olvidamos.
Hay personas capaces de dañar nuestro cuerpo.
Nuestra reputación.
Nuestro trabajo.
Incluso nuestra tranquilidad.
Pero nadie puede obligarnos a traicionar aquello que sabemos que es verdad.
Nadie puede forzar nuestra conciencia.
Nadie puede arrancarnos nuestra dignidad.
Por eso Jesús añade una representación que hay que aclarar:
«Hasta los cabellos de su cabeza están contados».
Para un judío del siglo I, contar algo significaba conocerlo con detalle.
No es una expresión poética sin más.
Es una manera de decir:
Dios conoce tu vida mejor de lo que tú mismo la conoces.
Conoce tus luchas.
Tus heridas.
Tus dudas.
Tus miedos.
Y aun así te ama.
Luego Jesús menciona a los pajarillos.
En el mercado de aquella época se vendían por una cantidad mínima.
Eran uno de los animales más baratos que podía comprar una familia pobre para alimentarse.
Sin embargo, Jesús afirma que ninguno cae sin que el Padre lo sepa.
Está diciendo que nada escapa a su mirada.
Que incluso aquello que el mundo considera insignificante es conocido por Dios.
Y entonces llega la conclusión:
«Ustedes valen mucho más».
No porque sean más fuertes.
No porque sean más exitosos.
No porque nunca fallen.
Sino porque son hijos amados de Dios.
Al final, el Evangelio no habla solamente del miedo.
Habla del valor de permanecer fieles.
De no esconder nuestra fe.
De no vivir avergonzados de aquello que creemos.
Porque quien vive únicamente buscando la aprobación de los demás termina convirtiéndose en prisionero de ella.
Y quien descubre que su valor viene de Dios encuentra una libertad que nadie puede quitarle.
Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
— Antoine Abraham
PD HISTÓRICA
En tiempos de Jesús, las casas tenían techos planos llamados azoteas. Desde allí se hacían anuncios públicos y mensajes importantes para todo el pueblo. Por eso cuando Jesús dice: «Proclámenlo desde las azoteas», está invitando a no ocultar la verdad, sino a anunciarla abiertamente.
“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):




Me gustan mucho sus reflexiones. Gracias
Gracias por estar, la idea es crecer juntos…