¿Desde cuándo la oración dejó de ser súplica…
y empezó a parecer una orden?
SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN
Hay algo que últimamente se escucha mucho en ambientes religiosos.
“Decrétalo.”
“Decláralo.”
“Proclama tu prosperidad.”
“Declara tu sanidad en el nombre de Jesús.”
“Llama a las cosas que no son como si ya fueran.”
Y entonces la fe empieza a parecer otra cosa.
Como si fuera una fórmula.
Como si bastara decir las palabras correctas.
Como si la oración fuera un botón que aprietas… y Dios tuviera que obedecer.
Casi como magia.
Hoy se escucha con mucha facilidad:
“Declara que ya eres libre de deudas.”
“Decreta tu prosperidad.”
“Proclama tu sanidad y recíbela.”
Y claro… se citan textos bíblicos.
Mateo 7, 7:
«Pedid, y se os dará; buscad y hallaréis; llamad, y se os abrirá.»
O Marcos 11, 24:
«Todo lo que pidan en oración, crean que ya lo han recibido.»
Pero aquí aparece una pregunta incómoda.
¿De verdad Jesús estaba enseñando que podemos ordenarle cosas a Dios?
Imagínate la escena.
Nosotros…
hombres frágiles, llenos de ego, de miedo, de intereses, de errores…
dándole órdenes al Dios todopoderoso.
“Señor, decreta esto.”
“Señor, haz aquello.”
“Señor, tiene que pasar así.”
La Biblia no enseña eso.
Jesús nunca decretó frente al Padre.
Jesús oró.
En Lucas 22, 32 dice:
«Yo he rogado por ti, para que tu fe no desfallezca.»
En Juan 17, 9, hablando con el Padre:
«Yo ruego por ellos.»
Y la carta a los Hebreos nos revela algo impresionante.
Cristo, con lágrimas, oró y suplicó al Padre.
El Hijo…
no ordenando…
sino suplicando.
Porque la oración cristiana nunca fue magia.
La oración es relación.
San Agustín decía algo profundamente sabio:
Dios no nos concede las cosas porque las exigimos,
sino cuando nuestro corazón está preparado para recibirlas.
Dios no concede caprichos.
Concede lo que conduce al bien.
Por eso la fe cristiana no consiste en decretar.
Consiste en confiar.
No consiste en imponer.
Consiste en abandonarse.
Nosotros no decretamos.
El que decreta… es Dios.
Nosotros pedimos.
Rogamos.
Suplicamos.
Y esperamos.
Porque en la fe cristiana hay algo que nunca debemos olvidar:
Dios es el Rey.
Nosotros somos los siervos.
Y cuando entendemos eso…
la oración deja de ser una orden.
y se convierte en un acto de humildad.
La fe cristiana no consiste en decretar la voluntad de Dios…
consiste en confiar en ella.
Porque cuando el hombre empieza a decretar…
muchas veces es porque ya dejó de arrodillarse.
“Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad” – Antoine Abraham



