Antoine Abraham

La sandalia del esposo

ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay frases del Evangelio que hemos escuchado tantas veces que dejamos de preguntarnos qué podía escuchar en ellas un judío del siglo I.

Juan el Bautista, rodeado de seguidores que incluso llegan a preguntarse si él será el Mesías, señala a Jesús y dice:

“En medio de ustedes hay uno a quien no conocen… yo no soy digno de desatar la correa de su sandalia” (Jn 1,26-27).

Siempre hemos entendido estas palabras como una expresión extraordinaria de humildad: Juan ni siquiera se considera digno de realizar ante Jesús una tarea propia de un servidor.

Y seguramente lo es.

Pero existe otra ventana desde la cual contemplar esa sandalia.

Juan hablaba dentro de un mundo profundamente marcado por la Ley y las Escrituras de Israel. Y siglos antes, en el Antiguo Testamento, una sandalia había aparecido en una de las historias de amor y redención más hermosas de la Biblia (Rut y Booz)

«Desatar la sandalia» de otro hombre tenía un significado legal inmenso, relacionado con el amor y el rescate de una novia.

En el Antiguo Testamento, cuando una familia había perdido sus propiedades y quedaba en situación de vulnerabilidad, un pariente cercano podía asumir la responsabilidad de rescatar aquello que se había perdido.

Pero, ¿qué pasaba si el hombre que tenía el primer derecho de rescate no quería o no podía pagar el precio?

Ante los ancianos de la ciudad, el hombre que renunciaba a su derecho debía quitarse la sandalia y dársela al siguiente pariente que sí estuviera dispuesto a pagar el rescate (Rut 4:7-8). «Desatar la sandalia» era el acto legal de transferir el derecho de comprar a la novia.

La sandalia formaba parte de un antiguo gesto jurídico que confirmaba públicamente la transferencia de un derecho de rescate.

Entonces volviendo al Evangelio, cuando Juan el Bautista dijo: «No soy digno de desatar su sandalia», no estaba hablando solo de lavar pies. Estaba usando un término legal brutalmente hermoso.

En Juan 3:29, él mismo lo explica: “El que tiene a la esposa es el esposo; el amigo del esposo… se alegra mucho al oír la voz del esposo” (Jn 3,29).

Juan le estaba diciendo a la multitud: «No se confundan. Yo no soy el novio de Israel. Yo solamente soy el amigo y yo no tengo el dinero ni la sangre para pagar el rescate de esta novia en bancarrota (La Iglesia). Él es el Redentor. Yo no tengo el derecho legal de desatar su sandalia porque Él es el único dispuesto a pagar el precio de muerte para casarse con ustedes».

Entonces la historia deja de ser solamente jurídica y se vuelve profundamente romántica.

La Biblia utiliza muchas veces el lenguaje matrimonial para describir la relación entre Dios y su pueblo. Israel aparece como la esposa amada; y en el Nuevo Testamento esa imagen terminará extendiéndose a Cristo y su Iglesia.

El Rey del universo se presentó como tu Redentor.

Pero no viene simplemente a recuperar una propiedad perdida ni a saldar una deuda.

Viene por alguien.

Juan parece comprender algo antes que muchos:

el Esposo ha llegado.

Y él no pretende ocupar su lugar.

Por eso puede decir después, una de las frases más hermosas del Evangelio:

“Es necesario que Él crezca y que yo disminuya” (Jn 3,30).

Tal vez, cuando leemos toda la historia bíblica, aquella sandalia deja de ser solamente una sandalia.

Se convierte en el eco de una historia que comenzó siglos antes: la historia de un redentor dispuesto a asumir el precio del rescate para recuperar aquello que otro había perdido.

Pero con Jesús ocurre algo todavía más hermoso.

Dios no vino solamente a rescatar lo que había perdido.

Vino a buscar a quien amaba.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

Antoine Abraham

NOTA HISTÓRICA:
La historia de Rut y Booz no termina solamente en una boda. De aquella unión nacerá Obed, padre de Jesé y abuelo del rey David. Siglos después, los evangelios colocarán a Jesús dentro de esa misma genealogía. Es decir, la historia del redentor que tomó a Rut por esposa terminará formando parte de la propia historia humana del Redentor que Juan llamará “el Esposo”.

 

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