Antoine Abraham

EL HOMBRE QUE TODAVÍA NO ERA PEDRO

ECOS QUE TRASCIENDEN:

Mateo 16,13-20

He leído muchas veces este Evangelio y casi siempre me había detenido en la misma pregunta:

“Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?”

Es lógico. Es una de las grandes preguntas de Jesús.

¿Quién es para mí? ¿Un personaje histórico? ¿Un maestro? ¿Un profeta? ¿El Mesías? ¿El Hijo de Dios?

Pero esta vez me fijé en lo que sucede inmediatamente después.

Pedro le dice a Jesús quién es:

“Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.”

Y entonces ocurre algo que nunca había mirado con suficiente atención:

Jesús le dice a Pedro quién es Pedro.

“Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.”

Y ahí hay algo extraño.

Porque Pedro todavía no era Pedro.

Aquel hombre había sido Simón, hijo de Jonás. Pescador. Tenía una barca, unas redes, una familia, un oficio y una historia.

Probablemente creía saber perfectamente quién era.

Pero Jesús parece conocer en él algo que el propio Simón todavía desconoce.

Y resulta todavía más desconcertante porque aquel hombre al que Jesús llama “roca” no parece demasiado sólido.

Es impulsivo. Se equivoca. Tiene miedo. Duda.

Muy pronto discutirá con Jesús. Después se quedará dormido cuando le pida que vele. Sacará una espada cuando no debe.

Y finalmente, cuando una criada le pregunte si conoce a Jesús…

lo negará tres veces.

¿Qué clase de roca era esa?

Quizá ahí está precisamente lo extraordinario.

Jesús no estaba poniendo nombre solamente a lo que Simón era.

Estaba poniendo nombre a aquello en lo que podía convertirse.

Nosotros hacemos exactamente lo contrario.

Pasamos la vida intentando responder:

¿Quién soy?

Y para hacerlo miramos hacia atrás.

Mi familia. Mi educación. Mis éxitos. Mis heridas. Mis errores. Mi profesión. Las decisiones que tomé.

Todo eso explica mucho de nosotros.

Pero quizá no lo explica todo.

Porque el pasado puede explicar a Simón, pero no alcanza para explicar a Pedro.

Para descubrir a Pedro hacía falta alguien capaz de mirar más allá de lo que aquel pescador había sido hasta ese momento.

Nosotros vemos fotografías.

Dios parece mirar procesos.

Vemos al hombre que negó.

Él puede estar viendo al hombre que un día se levantará en Jerusalén y anunciará públicamente aquello que antes tuvo miedo de reconocer frente a una criada.

Y entonces aparece una posibilidad que me inquieta.

Quizá llevo demasiados años definiéndome por lo que he sido.

“Yo soy así.”

“Siempre he sido así.”

“A estas alturas ya no voy a cambiar.”

Pero tal vez Dios podría responder:

“Eso es lo que has sido hasta ahora.”

Jesús no esperó a que Simón se comportara como Pedro para llamarlo Pedro.

Lo llamó por adelantado.

Le dio un nombre que tendría que aprender a habitar.

Quizá por eso la pregunta de este Evangelio no termina siendo solamente:

“¿Quién dices que soy yo?”

Hay otra escondida detrás:

¿Quién ve Dios en mí que yo todavía no alcanzo a ver?

Tal vez llevas toda la vida llamándote Simón…

mientras Dios lleva años llamándote Pedro.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

Antoine Abraham

NOTA HISTÓRICA

Jesús probablemente hablaba arameo. El nombre Kefa (Cefas) está relacionado con “roca/piedra”; al pasar al griego encontramos Petros, posteriormente al latín Petrus y al español Pedro

Simón recibió así un nombre nuevo ligado a una misión que todavía tendría que aprender a vivir.

 

Si estas reflexiones aportan algo a tu vida, y aún no te has añadido, te invito a unirte a nuestro grupo de WhatsApp. Ahí compartimos cada nueva cápsula de ECOS QUE TRASCIENDEN directamente, sin algoritmos y sin perderte ninguna publicación.

https://chat.whatsapp.com/LuIEK8lSg5LDr0o2n6kSNS

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio