Antoine Abraham

La vergüenza que aleja

ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay una pregunta en la Biblia que siempre me ha hecho detenerme.

Una pregunta que parece sencilla, pero que revela algo muy profundo sobre el corazón humano.

Después del pecado, Dios le pregunta a Adán:

«¿Quién te dijo que estabas desnudo?» (Gn 3,11).

La primera vez que leí esa frase no le di demasiada importancia. Pero con el tiempo entendí que ahí se esconde una verdad inmensa. Porque Dios no está buscando información. Dios lo sabe todo. La pregunta no intenta descubrir algo. Intenta revelar algo. Quiere que Adán descubra qué está ocurriendo dentro de él.

Porque antes de ese momento, Adán y Eva ya estaban desnudos. Y, sin embargo, la Escritura dice algo sorprendente: «Estaban ambos desnudos… y no sentían vergüenza».

La desnudez no cambió.

Lo que cambió fue la mirada que tenían sobre sí mismos.

Después del pecado apareció algo nuevo: la vergüenza.

De pronto se sintieron expuestos, indignos, inadecuados; como si ya no pudieran permanecer delante de Dios.

Y entonces Dios formula esa pregunta tan precisa:

«¿Quién te dijo…?»

Como si estuviera diciendo algo más profundo:

«Esa voz que ahora te acusa… no viene de mí.»

Porque el pecado es real. Tiene consecuencias reales. Rompe la armonía para la que fuimos creados. Pero muchas veces lo que sucede después del pecado puede alejarnos todavía más que el pecado mismo.

La idea de que ya no podemos volver.

Adán no corrió hacia Dios. Se escondió. Intentó cubrirse con hojas. Intentó resolver por sí mismo aquello que no podía resolver por sí mismo.

¿No hacemos muchas veces exactamente lo mismo?

Cuando fallamos pensamos: «Así no puedo rezar». «Así no puedo acercarme a Dios». «Primero tengo que arreglar mi vida… y después volveré».

Pero Dios no esperó a que Adán se arreglara.

Dios fue a buscarlo.

Eso es lo extraordinario del relato.

La pregunta «¿Quién te dijo que estabas desnudo?» no niega el pecado. Lo que confronta es la mentira que nace después del pecado. La mentira de que ya no somos dignos de acercarnos.

Lo impresionante es que Dios no está humillando a Adán. Está intentando rescatarlo.

Porque el problema ya no era solamente el fruto.

El problema era comenzar a creer que Dios había dejado de ser accesible.

Y eso sigue ocurriendo hoy.

Hay personas que dejaron de rezar, no porque hayan dejado de creer, sino porque sienten vergüenza.

Hay personas que dejaron de acercarse a Dios porque están convencidas de que están demasiado manchadas. Demasiado lejos. Demasiado rotas.

Y viven cargando una vergüenza que Dios nunca puso en su corazón.

Sí, el pecado es serio. Sí, necesita arrepentimiento.

Pero jamás encontraremos en los Evangelios a Cristo rechazando a quien vuelve con sinceridad.

Al contrario.

Siempre fue Él quien dio el primer paso.

Por eso aquella pregunta sigue resonando miles de años después:

¿Quién te dijo que ya no puedes acercarte?

¿Quién te convenció de que estás demasiado sucio para ser amado?

¿Quién te hizo creer que Dios dejó de buscarte?

Tal vez el mayor engaño del pecado no sea hacernos caer.

Tal vez el mayor engaño sea convencernos de que ya no podemos volver.

Porque desde el Génesis hasta la Cruz, la historia siempre ha sido la misma:

El hombre se esconde.

Y Dios sale a buscarlo.

«Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.»

— Antoine Abraham

PD: En hebreo, la palabra utilizada para «vergüenza» en Génesis 2,25 es bôsh (בּוֹשׁ), que también puede significar quedar confundido, humillado o avergonzado. Antes del pecado, Adán y Eva estaban desnudos y no experimentaban esa ruptura interior.

La primera consecuencia no fue física. Fue una herida en la manera de mirarse a sí mismos. Quizá por eso Dios pregunta primero por la vergüenza… antes de hablar del castigo.

“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

Primero miró…. después envió

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio