Antoine Abraham

Cuando el ser se vuelve opción

“CUANDO EL SER SE VUELVE OPCIÓN”

SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

La cápsula anterior terminaba con una pregunta peligrosa:

¿qué ocurre cuando el ser humano deja de reconocer su naturaleza?

Hoy empezamos a ver una posible respuesta.

Existe una corriente creciente llamada therian.

Personas que afirman que su identidad real no es humana,
sino animal.

Y aquí es importante entender algo:

no estamos hablando de disfraces,
ni de estética,
ni de alguien diciendo “me gustan los lobos”.

Estamos hablando de identidad.

De personas que afirman, seriamente,
que su “yo verdadero”
no corresponde a la naturaleza humana.

Y el problema no empieza ahí.

Empieza mucho antes.

Empieza cuando la cultura deja de preguntarse:

“¿Qué eres?”

y comienza a preguntar únicamente:

“¿Qué sientes?”

Porque cuando el sentimiento reemplaza al ser,
la identidad deja de descubrirse…
y comienza a fabricarse.

Ontológicamente, esto es enorme.

Porque la ontología clásica entendía que el ser humano no “se inventa”.

Se descubre.

La identidad no era una construcción infinita,
sino el reconocimiento progresivo de una realidad.

Por eso el cuerpo no era un accesorio.

Era parte del ser.

La razón no era enemiga de la identidad.

Era precisamente lo que permitía comprenderla.

Y la naturaleza humana no era una limitación arbitraria.

Era un fundamento.

Pero hoy aparece una idea distinta:

“si lo siento profundamente…
entonces debe ser verdad.”

Y aquí está el quiebre.

Porque sentir algo intensamente
no significa que ese algo corresponda a la realidad.

Todos sentimos cosas contradictorias.
Todos percibimos de manera imperfecta.
Todos tenemos impulsos, heridas, vacíos, deseos y confusiones.

Precisamente por eso existe la razón.

Precisamente por eso existe la verdad.

Porque si toda percepción interna se convierte automáticamente en identidad…

entonces el ser humano deja de tener referencia objetiva.

Y cuando desaparece la referencia,
todo se vuelve redefinible.

No solo el comportamiento.

El ser mismo.

Aquí el problema no es la persona.
No es burlarse.
No es atacar.

El problema filosófico es mucho más profundo:

¿puede el ser humano dejar de ser humano porque así lo percibe?

Porque si la respuesta es sí,
entonces la naturaleza humana deja de existir como realidad objetiva.

Y si eso desaparece…
todo queda suspendido sobre percepciones cambiantes.

La consecuencia final no es libertad.

Es fragmentación.

Porque una libertad separada de la verdad
ya no orienta.

Disuelve.

Por eso esta discusión no es superficial.
No es una moda extraña de internet.

Es el resultado lógico de una cultura que lleva años separando:

el cuerpo de la identidad,
la verdad del deseo,
la naturaleza de la percepción.

Y cuando el ser humano pierde aquello que lo fundamenta…

empieza a buscarse en cualquier parte.

Incluso fuera de sí mismo.

“La conciencia no crea la verdad… la descubre.”

— Antoine Abraham

P.D.

En muchos trastornos neurológicos existe algo llamado “asomatognosia”.

Personas que dejan de reconocer una parte de su propio cuerpo como suya.

Algunos llegan a decir:
“esa mano no me pertenece.”

La mano sigue ahí.
Sigue formando parte de ellos.

Pero la percepción ya no coincide con la realidad.

Y precisamente por eso la medicina no concluye:
“entonces esa mano realmente no es suya.”

Porque sentir algo
no siempre significa conocerlo correctamente.

A veces…
también podemos desorientarnos respecto a nosotros mismos.

Esta cápsula Continuará…

Porque la siguiente pregunta es todavía más profunda:

¿por qué una generación entera parece sentirse incómoda siendo humana?

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

La Naturaleza humana no es una opinión

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