Sabes…
cuando necesito calma… cierro los ojos.
Y juro que escucho el tono de su voz.
Hay momentos…
en los que incluso siento su aroma.
Como si me mirara de frente…
como solo ella sabe hacerlo.
De esa forma… tan suya.
Hay nombres…
que no se dicen igual que los demás.
SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN
“Mamá.”
No es una palabra más.
No la dices igual.
No la sientes igual.
Tiene algo…
que no se puede explicar del todo.
Porque no es solo un nombre.
Es refugio.
Es origen.
Es historia.
Es aroma.
Es la primera voz que te llamó por tu nombre.
La primera que te sostuvo…
cuando ni siquiera entendías el mundo.
Y aunque el tiempo pase…
aunque crezcas…
aunque la vida te lleve por caminos distintos…
hay algo que no cambia:
cuando todo se rompe un poco…
piensas en ella.
En cómo te hablaba.
En cómo te calmaba.
En cómo, sin hacer ruido…
te hacía sentir que todo iba a estar bien.
Y lo más fuerte…
es que muchas veces ya no necesitas que esté ahí.
Porque algo de ella…
ya se quedó contigo.
En tu forma de querer.
En tu forma de cuidar.
En tu forma de levantarte cuando algo duele.
Y hay momentos…
donde te descubres reaccionando igual.
Diciendo las mismas frases.
Haciendo los mismos gestos.
Y entonces lo entiendes:
no se fue.
Se quedó en ti.
Y desde ahí… sigue amando.
Por eso este día no es solo celebración.
Es memoria viva.
Es detenerte un segundo…
y reconocer todo lo que hubo antes de ti.
Todo lo que alguien cargó.
Todo lo que alguien sostuvo.
Todo lo que alguien calló… para que tú pudieras avanzar.
Y quizá nunca te dijo todo lo que sentía.
Pero lo viviste.
En detalles pequeños.
En sacrificios silenciosos.
En ese amor que no pedía nada… pero daba todo.
Hoy…
si la tienes cerca… abrázala.
Si está lejos… búscala.
Y si ya no está…
cierra los ojos un momento.
Porque no se fue del todo.
Sigue en ti.
En lo que eres.
En lo que das.
En lo que eliges.
Porque hay amores…
que no terminan.
Solo cambian de forma.
“Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad”
– Antoine Abraham
P.D.
En hebreo, una de las palabras para madre es “’em” (אֵם).
Es breve.
Casi un suspiro.
Pero su raíz está asociada a algo muy profundo:
origen… soporte… aquello que sostiene la vida desde dentro.
No es solo quien da a luz.
Es quien contiene,
quien forma,
quien sostiene en lo invisible.
Y hay un detalle que no es menor:
en muchas lenguas antiguas, el sonido “ma”…
es de los primeros que puede pronunciar un niño.
No porque lo entienda…
sino porque lo necesita.
Es un sonido que nace de la dependencia.
Del vínculo.
De saber —sin saber explicarlo—
de dónde viene la vida.
Por eso “mamá” no es solo una palabra aprendida.
Es una de las primeras respuestas del ser humano
ante el amor que lo sostiene.
Y quizá por eso…
aunque pasen los años…
aunque cambie todo…
hay nombres que no se dicen igual.
Porque no vienen solo de la boca.
Vienen de lo más profundo del origen.
……. Gracias mami
“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”
Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):



