Antoine Abraham

No eres lo que sientes, eres lo que decides hacer con eso

No todo lo que sientes merece ser creído.

SERIE: CONCIENCIA Y CON-CIENCIA
Reflexiones sobre ética y verdad

Hoy se ha vuelto común una idea que parece inofensiva… pero no lo es:

Si te sientes triste, algo está mal.
Si no estás bien todo el tiempo, algo falla.
Si no eres feliz… hay que arreglarte.

Y entonces empezamos a huir.

Huir de la tristeza.
Del vacío.
Del silencio.
De los días grises.

Como si sentirlos fuera un error.

Pero no lo es.

La tristeza no siempre es un problema.
A veces es una señal.
A veces es una pausa.
A veces es la forma en que la realidad te alcanza.

Porque hay cosas que duelen…
y tienen que doler.

Pretender vivir en una euforia constante
no es libertad.

Es desconexión.

Es negarse a ver.
Es intentar anestesiar lo que pide ser entendido.

Y una persona anestesiada
no sufre…
pero tampoco crece.

El problema no es sentir tristeza.

El problema es quedarse ahí.
O peor aún:
definirse desde ahí.

Porque una emoción, por intensa que sea,
no dice toda la verdad sobre ti.

No eres tu enojo.
No eres tu miedo.
No eres tu tristeza.

Son estados que pasan por ti…
pero no te definen completamente.

El riesgo de nuestro tiempo no es solo evitar el dolor.

Es algo más profundo:

construir una identidad desde lo que siento en cada momento.

Y entonces dejamos de preguntarnos:

¿qué es lo verdadero?
¿qué es lo bueno?
¿qué debo hacer?

Y empezamos a vivir desde otra lógica:

¿qué me hace sentir mejor… ahora?

Y eso, aunque suene atractivo,
termina desordenando todo.

Porque no todo lo que te hace sentir bien…
te hace bien.

Y no todo lo que duele…
te destruye.

A veces, justamente ahí…
en ese momento que no elegirías,
empieza a aparecer algo más profundo:

claridad,
verdad,
dirección.

No necesitas huir de lo que sientes.

Necesitas aprender a atravesarlo.

Sin negarlo.
Sin absolutizarlo.
Sin convertirlo en tu identidad.

Porque al final…

no eres lo que sientes.

Eres lo que decides hacer con eso.

Porque al final… toda decisión moral revela quién eres.

La conciencia no crea la verdad… la descubre.
— Antoine Abraham

P.D.

En 1912, el RMS Titanic recibió varias advertencias de hielo.

Las ignoraron.

No porque no las vieran…
sino porque no encajaban con lo que creían del barco.

El problema no fue la falta de señales.

Fue creer más en la idea…
que en la realidad.

Porque al final,
no todo lo que sentimos —o creemos—
resiste el encuentro con lo real.

Y cuando lo ignoras…

la realidad no negocia.

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

Cuando la razón se vuelve abogado

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