Antoine Abraham

SOLTAR PARA PASAR

Cuando Jesús hablaba del camello y la aguja, no estaba hablando de una aguja de coser.

 

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN

 

Hoy leemos el texto y pensamos en algo absurdo e imposible.

Pero Yeshúa no hablaba para nosotros hoy en el siglo XXI.
Hablaba a judíos del siglo I, usando lenguaje, imágenes y realidades que todos conocían.

“De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el Reino de los Cielos…
más fácil es que pase un camello por el ojo de una aguja…”
(Mt 19,23–24)

El hebreo detrás del texto, nos revela:

“Ojo de la aguja”
(en hebreo Nekév haMaját)

Significa:

orificio estrecho
paso reducido
abertura angosta

En las ciudades amuralladas de Israel (Jerusalén incluida) existían puertas principales y puertas secundarias.

Estas puertas secundarias eran pequeñas.

Se usaban de noche, cuando la ciudad se cerraba por seguridad.

Eran tan angostas que un camello no podía pasar cargado.

Debía arrodillarse.

Se le quitaban todas las alforjas.

Y necesitaban ayuda desde afuera.

Es decir:

Sí podía pasar.

Pero solo si era despojado de su carga.

El camello NO era el problema….. la carga sí.

En Israel, el camello era símbolo de:

comercio
riqueza
autosuficiencia
poder económico

Yeshúa no dijo:

“el camello no puede pasar”.

Dijo:

Cargado no pasa

Lo que Yeshua estaba enseñando:

Yeshua no condena la riqueza.

Condena la confianza en lo material que poseemos.

El Reino:

no se hereda por estatus
no se compra
no se atraviesa erguido

“Angosta es la puerta, y estrecho el camino que lleva a la vida…”
(Mt 7,13–14)

La puerta es angosta a propósito.

Porque obliga a decidir qué soltar.

Y también obliga a decidir a quién obedecer.

Agacharse no es solo humildad.

Es renunciar a mi voluntad para hacer la de Dios.

Al Reino no se cruza con orgullo.
Con control.
Con autosuficiencia espiritual.

Se cruza arrodillado, despojado y dependiendo de Dios.

Porque no todo lo que cargas te deja entrar.

Yeshua no te está diciendo:

“no entras”.

Te está diciendo:

“suelta… que Yo te ayudo a pasar”.

No tienes que hacerlo solo.
Ni demostrar nada.
Ni ser perfecto.

Solo arrodillarte.

Solo dejar que Él quite de tu espalda
lo que ya no te corresponde llevar.

Y ahí…

justamente ahí…

la puerta se abre.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

Antoine Abraham

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