Antoine Abraham

SHEMÁ: MUCHO MÁS QUE ESCUCHAR

ECOS QUE TRASCIENDEN

Muchas veces he escuchado decir que la Biblia tiene “errores de traducción”.

Pero ¿sabes? La cuestión no va exactamente por ahí.

La mayor parte del Antiguo Testamento fue escrita en hebreo, con algunas secciones en arameo. Y aquí comienza algo fascinante.

El hebreo bíblico posee palabras extraordinariamente ricas en significado. El problema aparece cuando intentamos llevarlas a nuestro idioma: al traducirse se tiene que elegir.

Tiene frente a él una palabra hebrea que puede contener varias ideas al mismo tiempo… pero en español necesita colocar una.

Y entonces ocurre algo curioso:

la traducción puede ser correcta y, aun así, nosotros podemos estar perdiéndonos una parte del significado.

Precisamente por eso, desde hace algún tiempo estoy tomando clases de hebreo bíblico.

No porque pretenda convertirme en especialista, sino porque quería acercarme un poco más a las palabras con las que fueron escritos estos textos hace miles de años.

Y quizá, si has leído algunas de mis reflexiones, ya te habrás dado cuenta.

Cada vez con mayor frecuencia me detengo en una palabra hebrea y trato de explicar lo que existe detrás de ella.

Porque he descubierto algo que me fascina:

hay palabras que podemos traducir al español… pero cuyo significado completo no cabe en una sola palabra.

Por eso quiero compartir contigo algunas de ellas.

No necesitas aprender hebreo.

Solo quiero mostrarte que detrás de algunas palabras que has leído cientos de veces en la Biblia existe un mundo que quizá nunca habías visto.

Porque después de descubrir lo que aquellas palabras significaban para quienes las escucharon originalmente…

hay versículos que nunca vuelves a leer de la misma manera.

SHAMÁ (verbo): ESCUCHAR

Comencemos con una de las palabras más importantes de toda la Biblia hebrea: Shemá (imperativo).

La encontramos al comienzo de una de las grandes confesiones de fe de Israel:

“Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor.” (Dt 6,4)

En hebreo comienza con unas palabras que todo judío conocía: “Shemá, Israel…”

Nosotros leemos “escucha” y pensamos inmediatamente en oír.

Alguien habla.
Nuestros oídos perciben el sonido.
Hemos escuchado.

Pero shamá puede abarcar mucho más.

Significa escuchar, oír, prestar atención, atender y, en determinados contextos, implica también responder u obedecer a aquello que se ha escuchado.

Y esto cambia profundamente nuestra manera de leer algunos textos bíblicos.

Porque cuando Dios dice:

“Shemá, Israel…”

no está pidiendo simplemente:

“Israel, óyeme”.

La invitación es mucho más profunda:

“Escúchame. Presta atención. Acoge mis palabras. Y responde con tu vida.”

En nuestra cultura podemos escuchar algo y después decidir si hacemos caso o no.

Podemos escuchar un consejo y olvidarlo.

Escuchar una advertencia e ignorarla.

Escuchar la Palabra de Dios… y continuar exactamente igual.

Pero en la lógica bíblica, escuchar verdaderamente a Dios exige una respuesta.

Por eso en numerosos pasajes encontramos expresiones que nuestras Biblias traducen como “escuchar la voz del Señor” y cuyo sentido, por el contexto, llega hasta obedecerle.

Entonces comprendemos algo precioso:

Para la Biblia, la verdadera escucha comienza en el oído, atraviesa el corazón… y termina moviendo nuestros pasos.

Podemos escuchar el Evangelio cada domingo.

Podemos conocer las parábolas.

Podemos repetir los mandamientos.

Podemos incluso saber de memoria algunas palabras de Jesús.

Pero existe una pregunta mucho más difícil:

¿Cuánto de aquello que hemos escuchado ha cambiado realmente nuestra manera de vivir?

Porque quizá llevamos años oyendo a Dios…

pero todavía estamos aprendiendo a escucharlo.

A veces el problema no es que Dios haya dejado de hablar.
Es que nosotros hemos confundido oírlo… con escucharlo.

Antoine Abraham

P.D. Quizá alguna vez hayas visto en el marco de la puerta de una casa judía una pequeña caja alargada llamada mezuzá. Lo curioso es que lo verdaderamente importante no es lo que vemos por fuera, sino lo que guarda dentro.

En su interior hay un pequeño pergamino escrito a mano que contiene pasajes de Deuteronomio (6,4-9 y 11,13-21). Y el primero comienza precisamente con nuestra palabra:

“Shemá, Israel…” — “Escucha, Israel…”

Así, aquellas palabras que Dios pidió escribir “en los postes de tu casa y en tus puertas” (Dt 6,9) terminaron literalmente acompañando durante siglos la entrada y la salida de muchos hogares judíos.

Como si cada puerta le recordara: antes de salir al mundo… recuerda a quién has decidido escuchar.

…… continuará

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