Antoine Abraham

Por qué Dios no detiene el mal

ECOS QUE TRASCIENDEN

Hay personas que nos han hecho tanto daño…

que más de una vez pensamos:

«¿Por qué Dios no hace algo?»

El Evangelio de san Mateo (13, 24-43) recoge una parábola que parece hablar de agricultura, pero en realidad responde a una de las preguntas más difíciles de la existencia: ¿Por qué permite que siga existiendo tanta injusticia?

¿Por qué el mal parece crecer al mismo ritmo que el bien?

Y, siendo honestos…

también hay momentos en que vemos nuestra propia vida y pensamos:

«¿Por qué sigo teniendo esta debilidad si llevo años intentando cambiar?»

El Evangelio de este domingo responde esas dos preguntas con una sola parábola.

Jesús dice que un hombre sembró buena semilla.

Pero durante la noche…

un enemigo sembró cizaña entre el trigo.

Cuando ambas plantas comenzaron a crecer, los trabajadores quisieron arrancarla inmediatamente.

Era lo lógico, era lo justo, lo eficiente.

Pero el dueño respondió algo sorprendente:

«No… dejen que crezcan juntos hasta la cosecha.»

¿Por qué?

Porque antes de que el trigo forme completamente su raíz, la cizaña se parece muchísimo a él.

Si alguien intenta arrancarla demasiado pronto, puede terminar destruyendo también el trigo.

Y entonces nos topamos con algo maravillso.

Dios nunca actúa con prisa cuando está en juego una persona.

Porque Él no solo ve quién eres hoy.

Ve quién puedes llegar a ser.

Nosotros solemos juzgar por el presente.

Dios juzga desde la eternidad.

Cuántas personas que parecían completamente perdidas… terminaron siendo santos.

Y cuántas que parecían impecables… acabaron alejándose.

Por eso Jesús pide paciencia.

No porque el mal sea bueno.

Sino porque el juicio definitivo todavía no ha llegado.

Y sabes, lo que más terror me da es que…

La cizaña no siempre está fuera.

También puede crecer dentro de nosotros.

El orgullo.

La soberbia.

La envidia.

El resentimiento.

Las heridas que nunca quisimos sanar.

Todos llevamos trigo…

y también alguna cizaña.

Y, sin embargo, Dios sigue apostando por nosotros.

No porque ignore nuestro pecado.

Sino porque sabe que su gracia puede hacer crecer el trigo más rápido que la cizaña.

El Reino de Dios no consiste en encontrar un mundo donde nunca exista el mal.

Consiste en descubrir que el bien puede seguir creciendo incluso en medio de él.

Y esa quizá sea una de las mayores muestras de esperanza del Evangelio.

Porque mientras haya tiempo…

también hay posibilidad de conversión.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.
— Antoine Abraham

 

Nota histórica

La «cizaña» de la parábola probablemente corresponde al Lolium temulentum, conocido como cizaña o ballico. En sus primeras etapas de crecimiento es casi indistinguible del trigo. Solo cuando aparece la espiga resulta evidente la diferencia. Además, sus raíces suelen entrelazarse con las del trigo, por lo que arrancarla antes de tiempo podía destruir también la cosecha. Los oyentes de Jesús conocían perfectamente este problema agrícola, por eso la respuesta del dueño les resultaba tan impactante: esperar no era debilidad, era la decisión más sabia.

PD

A veces le pedimos a Dios que arranque de inmediato aquello que nos duele. Él, en cambio, primero protege el trigo. Porque conoce el final de la historia… incluso cuando nosotros apenas estamos viendo el principio.

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4 comentarios en “Por qué Dios no detiene el mal”

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Mónica. Me alegra mucho saber que esta reflexión llegó a tu corazón. Que Dios siga iluminando nuestro camino para descubrir su presencia incluso en medio de las pruebas.

  1. Tantas veces he escuchado esta parábola y cada vez la reflexión es distinta y edificante, ésta no es la excepción. Me quedo con «Dios nunca actúa con prisa cuando está en juego una persona» gran invitación para imitarle -aunque sea un poquito- Gracias Antonine. Bendecido domingo.

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Muchas gracias, Florangely. Me alegra mucho saber que esta reflexión llegó a tu corazón. Creo que esa es una de las grandezas del Evangelio: siempre nos habla de una manera nueva según el momento que estamos viviendo. Ojalá aprendamos, poco a poco, a mirar a los demás con la misma paciencia con la que Dios nos mira

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