Antoine Abraham

No es solo que escuches, es a quién decides seguir

A propósito del Evangelio de Juan 10, 1-10, donde Jesús habla del pastor y las ovejas…

pero en realidad está hablando de algo mucho más cercano: las voces que sigues.

SERIE: ECOS QUE TRASCIENDEN

Con este Evangelio, no te confundas.

Porque Jesús no empieza hablando de ovejas…
empieza hablando de voces.

Y ahí tenemos que detenernos.

Porque uno podría pensar que el problema es perderse.
Pero no.

El verdadero problema es…
a quién estoy escuchando.

“Mis ovejas reconocen mi voz…”

No dice: “me ven”.
No dice: “me entienden todo”.
No dice: “nunca se equivocan”.

Dice algo más profundo:

reconocen mi voz.

Porque tú y yo, escuchamos muchas voces.

Opiniones.
Miedos.
Expectativas.
A Mi propia cabeza… que a veces (o más bien nunca), se calla

Y en medio de todo eso…
hay una voz que no grita.

Que no se impone.
Que no empuja.

Pero cuando la escuchas…
sabes que es distinta.

No te confunde.
No te arrastra.
No te usa.

Te llama.

Y no en general…
por tu nombre.

Dios no habla en masa.
No lanza mensajes al aire esperando que alguien los tome.

Llama.

Personalmente.

Directo.

Con una voz que no se parece a ninguna otra.

Y, sin embargo…
no siempre la sigo.

Porque hay otras voces que parecen más rápidas.
Más fáciles.
Más atractivas…. porque gritan más.

Jesús las llama por lo que son:

ladrones.

Y no suena exagerado.

Porque hay voces que sí roban.

Te roban paz.
Te roban claridad.
Te roban identidad.

Te hacen creer que eres lo que haces,
lo que logras,
lo que fallas…

y poco a poco te desconectan
de quien realmente eres.

Por eso dice algo fuerte:

“el ladrón viene a robar, matar y destruir”.

No es metáfora suave.

Es real.

Hay voces que te vacían.

Pero luego viene la otra parte…

la que lo cambia todo.

“Yo soy la puerta.”

No dice: “yo muestro la puerta”.
No dice: “yo enseño el camino”.

Dice:

yo soy la puerta.

Es decir…

no se trata solo de escuchar bien…
se trata de entrar por Él.

Porque puedes escuchar mil cosas sobre Dios…
y aún así no haber entrado en Él.

Puedes saber, leer, entender…
y seguir afuera.

Hasta que decides cruzar.

Confiar.

Seguir.

Y entonces todo cambia.

“Entrará y saldrá y encontrará pastos.”

Es una imagen de libertad.

No de encierro.

No de control.

De vida y De abundancia.

lee bien….. abundancia.

Porque yo muchas veces vivo en modo supervivencia.
Resolviendo.
Avanzando.
Cumpliendo.

Pero Jesús no vino a eso.

No vino a que sobrevivas.

Vino a que vivas.

Y no a medias.

Sino en plenitud.

Y eso solo pasa…
cuando dejo de seguir cualquier voz
y empiezo a reconocer la suya.

Porque lo que ocurrió hace siglos… tiene eco en la eternidad.

-Antoine Abraham

P.D.

En el contexto del tiempo de Jesús, varios rebaños podían reunirse en un mismo redil durante la noche.

Por la mañana, cada pastor no separaba a las ovejas por fuerza…
sino por voz.

Las llamaba…
y cada oveja seguía únicamente a su pastor.

No porque la obligaran…
sino porque lo reconocía.

Tal vez la pregunta no es si Dios te está hablando…

sino si ya aprendiste a distinguir su voz entre todas las demás.

“No sé quién…
pero alguien necesita leer esto hoy.
Si lo pensaste… reenvíaselo.”

Esto es parte de algo más grande…
(y esta fue la primera pieza):

NO ES QUE LO BUSQUES, ES POR QUÉ LO BUSCAS

2 comentarios en “No es solo que escuches, es a quién decides seguir”

  1. Ana Maria Diez Lozano

    Muchas gracias por tan profunda reflexión. El salmo que acompaña la lectura de este Evangelio es muy hermoso.
    Muy interesante la nota sobre las ovejas que siguen la voz de su pastor.
    Gracias!

    1. Antoine Abraham Pompeyo

      Gracias a ti por leer así.
      El salmo no solo acompaña… prepara el corazón para reconocer.

      Y lo de las ovejas es más profundo de lo que parece:
      no es solo escuchar… es saber distinguir la voz.

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